martes, 10 de enero de 2012

La actividad cerebral durante la contemplación

La actividad cerebral, se calcula en hertz (Hz) o en ondas (bandas de Hz)*, varía considerablemente según los estados cotidianos.

Las ondas delta (0,5 a 4 Hz) corresponden al dormir profundo.

Las ondas theta (de 4 a 7 Hz) a la relajación profunda y al estado de contemplación.

Las ondas alfa (de 8 a 13 Hz) a la relajación ligera o al despertar tranquilo.

Las ondas beta (14 Hz y más) a las actividades corrientes.

Las ondas gamma (por encima de 30-35 Hz) dan prueba de una activación neuronal excepcional, tal como se la encuentra durante los procesos contemplativos de los entrenados en su práctica.

Sumergirse en la experiencia de la contemplación consiste,simplemente, en sentarse en zazen.

Simplemente sentarse sin-hacer-nada, sin-pensar-en-nada- hace que adquiramos una gran energía, como hemos podido constatar.

Se trata de vaciar el cuenco y arrojarse al fértil vacío del ser.

Puerta de acceso a la paz con uno mismo y con el Universo.







Arturo Emilio Sala

*Unidad que equivale a una frecuencia de un ciclo por segundo. Se denomina así en honor al físico alemán Heinrich Hertz(1857-1894)

El trabajo desde la perspectiva contemplativa del Budismo Zen

Adaptación libre de: Zoketsu Norman Fischer. Acerca del Trabajo en Zen. En: Turning Wheel. Revista de: Buddhist Peace Fellowship. January 1, 1997. Cabe destacar que para la mayoría de las órdenes monásticas del catolicismo la orientación al trabajo es semejante. Recordemos la regla básica de San Benito: “Ora et labora”


Pai Chang fue el Maestro que estableció las reglas monásticas del Zen. Siempre había insistido en trabajar todos los días. En su vejez persistía en ello, hasta que un día los monjes, sintiendo lástima por él, escondieron sus herramientas. 

El Maestro dijo:

–Yo no tengo virtud. ¿Porqué deben los demás trabajar por mí? –entonces, se negó a comer y expresó– Un día sin trabajo es un día sin comer.

Hasta la fecha los templos o centros de práctica Zen se reconocen por la práctica del trabajo contemplativo, denominado samú en japonés.

Una vez Yun Yen preguntó a Pai Chang: 

–Todos los días hay trabajo pesado que hacer, ¿para quién lo haces?

–Hay alguien que lo necesita –Pai Chang le respondió–.  

–¿Porqué no dejas que él lo haga por sí mismo? –insistió Yun Yen–. 

–No tiene herramientas. 

¿Qué es lo que significa "trabajo" dentro de la práctica del Zen?. Todo. El hecho de estar vivo y dentro de un cuerpo ya es trabajo. Todos los días hay que cuidar de alguien y de nosotros mismos, crear algo, producir para vivir y para gozar, trabajar la interioridad para hacernos íntimos con nosotros mismos, festejar, celebrar, zazen, cuidar del templo, de sus jardines, hacer la comida, preparar la huerta, realizar las tareas del servicio compasivo y solidario en las comunidades vecinas. No hay forma de escaparse del trabajo, él está en todas partes, el nos constituye y gracias a él nos realizamos.

Para los practicantes del Zen, no hay dualidad entre el trabajo y la vida cotidiana. El trabajo es algo profundo y lleno de dignidad, es para lo que nacimos y lo que nos completa existencialmente, es un un modo de ser y estar que no debe estar disociado de nuestras vidas.

Dentro de la noción convencional de trabajo, hay diferentes tipos: administrativo, profesional, técnico, y emocional. Claramente, todos ellos son importantes y útiles, pero en la práctica religiosa, especialmente en el Zen, se le da un lugar especial al físico y a la dignidad que el mismo concede. 

Se pueden distinguir dos formas en su práctica. Una como contemplación y la otra como un acto de generosidad, de servicio o como amor o sencillamente, como ofrenda de nosotros mismos.

Trabajo como contemplación es el que se da al hacer algo sencillo y repetitivo.Cuando se logra entrar en este ritmo y fluir con él, se puede trabajar con mucha eficiencia y al mismo tiempo estar relajado, sentirse pertinente con la tarea perteneciente a una comunidad productiva y cooperante con el bienestar de la totalidad de los involucrados. Desde tal perspectiva se trascienden los pensamientos divagantes, las distracciones y las quejas. 

El trabajo como contemplación también involucra pausas periódicas para encontrarse con uno mismo, serenando la respiración, o detenerse por un momento cuando la mente está divagando por cualquier parte para volver al presente.

En este tipo de trabajo se trata de intentar hacer lo que se debe hacer de manera eficiente y bella, sin prisa. Este es el tipo de trabajo que se realiza durante los períodos de trabajo en sesshin (períodos de retiro que en japonés significa: “acariciar el espíritu") Representa un verdadero gozo y brinda una noción totalmente nueva de lo que significa el trabajo: un profundo compromiso con nuestra vida.

Hay varias formas importantes de practicar estas modalidades laborales. Una de ellas es la silenciosa. Cuando así lo hacemos nos involucramos completamente en el proceso de nuestro quehacer –observándonos a nosotros mismos y desempeñándonos con mayor claridad, o simplemente trabajando más eficientemente y con más ánimo. 

El trabajo silencioso no es necesariamente mudo. Significa que está bien hablar acerca de la tarea: en dónde dejamos algo, dónde podemos encontrarlo, o cómo podemos hacerlo mejor. Durante él no nos involucramos en conversaciones ni charlas de tipo social, para ello están los momentos de esparcimiento. Sucede que si charlamos durante el trabajo, no llegamos a apreciar la profundidad del mismo, ni tampoco la belleza de charlar juntos.

Otra modalidad es la realizada como un acto de generosidad o como ofrenda. 

La característica del trabajo como ofrenda no es el "cómo" hacerlo ya que hay un amplio abanico de posibilidades de llevarlo a cabo dependiendo de cada situación.

Aquí el factor clave es la actitud y el propósito subyacentes en la tarea que nos toca realizar. Ya que sí el mismo es una ofrenda: lo estamos haciendo en beneficio de los demás. De modo que, el trabajo como ofrenda es una forma de licuar el ego mediante la actividad pertinente. Simplemente entregándonos por completo, sin retener nada. Sólo hacer lo que se hace plenamente, es decir enteramente disponibles. 

Lo anterior recuerda la historia de Pai Chang. Se trabaja duro porque hay alguien que lo requiere y quizás sea mejor decir que no sabemos quién es este alguien. ¿Porqué es que esa persona no puede hacerlo por sí mismo? Porque nosotros somos sus herramientas.De modo que nos centramos serenamente en nuestro trabajo con vigor y gozo. Nos ocupamos de ello no porque queremos volvernos ricos o famosos o conseguir una promoción, sino porque amamos al que necesita que trabajemos, y queremos hacer el mejor trabajo posible para esta persona. Lo que se tenga que lograr se logrará por el peso natural de las circunstancias. 

Esta modalidad de trabajar es enriquecedora, porque cada tarea requiere distintos tipos de esfuerzo, y tenemos que descubrir cuál es el adecuado para cada caso particular. Atentos, siempre, a reflexionar sobre nuestras actitudes, motivaciones al tiempo que observamos cómo las vamos desempeñando en concordancia con nuestros valores. 

El estar quejándonos o sintiendo que se trabaja sin alegría o sin objeto, o no pudiendo alinear los valores personales con los propios de la organización nos quita la capacidad de disfrutarlo. Nos hace sentir insatisfechos, apresurados; nos desgasta, puede enfermarnos. Ni el dinero ni el prestigio justifica que desperdiciemos nuestro tiempo, nuestra vida, única e indivisible, en hacer algo que no sentimos ni como importante, ni como fuente de realización.

Necesitamos sentir que estamos escogiendo trabajar porque un ser humano trabaja para sí y para aquel que lo necesita. Los peces nadan y los pájaros vuelan; los seres humanos trabajan. 

Esta es nuestra vida, nuestra alegría y la posibilidad de desarrollar una actitud y un entendimiento del trabajo que nos va a acompañar a lo largo de nuestra práctica contemplativa, del servicio a los demás, del cuidadado de nosotros mismos y de nuestros seres queridos a lo largo de nuestra vida.


Arturo Emilio Sala

De mariposas, utilidades y espiritualidad en las organizaciones.

Monsanto, Southwest Airlines, Hewlett-Packhard, Ford, Google entre otras organizaciones en Estados Unidos han adoptado el enfoque de trabajar la interioridad y la práctica de la contemplación.

Se trata de recuperar la vida interior de los miembros de las organizaciones, reconociendo que todos necesitamos un trabajo en el cual encontremos valores, significados y propósitos compartidos, en un equilibrio transparente entre la actividad laboral y la vida personal.

Las múltiples patologías que, como producto del estrés laboral, avanzan sobre los jóvenes profesionales de las organizaciones a nivel global es un claro indicador de una ruptura entre el cuidado personal y familiar con presiones y tensiones crecientes dentro del ámbito de desempeño.

El costo de lo anterior es creciente, para las organizaciones y para las personas; las demandas de las primeras para sobrevivir se incrementan, ante lo cual las segundas tienden a caer en un estado disociativo.

La primera patología que se produce es la desconexión, desmotivación, desinvolucración y el compromiso meramente formal con los valores, misiones y funciones de la organización, en reemplazo de una involucración sustantantiva y concreta con un trabajo vivido y sentido como significativo.

Por otra parte, un número creciente de personas comprende que por el tener y el lograr beneficios adquisitivos se erosiona la calidad de su ser y de su entorno familiar.

Esto es lo que lleva a importantes corporaciones a replantearse diseños organizacionales en los que la totalidad del ser encuentre en ellas espacios significativos, donde el trabajo sobre le interioridad y la gestión del valor enriquece, desde la calidad y la serenidad, la perfomance de cada uno y del negocio.

Trabajar sobre el jardín de la interioridad es sinónimo de recuperar nuevamente el viejo sentido de la espiritualidad. No vinculada, necesariamente, a creencias religiosas sino al aletear sereno de las mariposas.

Fue Aristóteles (384-322) quien recordó en su De anima que psiqué en griego significaba, además, mariposa. La que revolotea en el espacio la vinculaba con la mente inquieta y la que estaba en reposo representaba a la mente contemplativa.

Aquella que en el sereno ejercicio del spirare –soplar, respirar, inspirar, expirar– aletea en las profundidades del ser al que transforma, inspira y anima ante los desafíos e incertidumbres.

Finalmente ¿Son conciliables los caminos de la interioridad y la espiritualidad con las utilidades de las organizaciones?

Stephen P. Robbins y Timothy A. Judge en su importante y clásica obra (Comportamiento Organizacional. México, Pearson-Prentice Hall, 2009,p.572) responde que:

Las evidencias aunque limitadas, indican que sí lo son. Un estudio reciente realizado por una empresa consultora importante reveló que las compañías que habían introducido técnicas basadas en la espiritualidad mejoraron su productividad y redujeron de manera importante la rotación. Otro estudio descubrió que las organizaciones que dan a sus empleados la oportunidad de un desarrollo espiritual superaban a las que no lo hacían. Otros estudios también reportan que la espiritualidad en las organizaciones se relaciona de manera positiva con la creatividad, la satisfacción de los empleados, el desempeño de los equipos y el compromiso organizacional. Y si se busca un caso para apoyar el argumento de la espiritualidad, es difícil ignorar el de Southwest Airlines […] que ha demostrado ser la línea más rentable en Estados Unidos.

Pablo Neruda le escribió a la mariposa un poema en el que expresa:

La mariposa revolotea
y arde con el sol, a veces.
Mancha volante y llamarada,
ahora se queda parada
sobre una hoja que la mece.

Salgo a los jardines del barrio a jugar con mi nietita Rocío de veinte meses. Los perros corretean, los pájaros cantan en la fría y diáfana mañana.





Arturo Emilio Sala

jueves, 5 de enero de 2012

La experiencia de la meditación se asocia al aumento del ancho cortical.

Sara W. Lazar, Catherine E. Kerr, Rachel H. Wasserman, Jeremy R. Gris, Douglas N.Grave , Michael T. Treadway, Metta McGarvey, Brian T. Quinn, Jeffery A. Dusek, Herberto Benson, Scott L. Rauch, Christopher I. Moore, y Bruce Fischl 
Neuroreport. 2005 November 28;16(17):1893-1897


Extracto

La investigación anterior indica que la práctica a largo plazo de la meditación está asociada a los indicadores del electroencefalograma, sugestivo de cambios duraderos en actividad del cerebro. Presumimos que la práctica de la meditación se pudo también asociar a los cambios en la estructura física del cerebro. La proyección de imagen de resonancia magnética fue utilizada para determinar grueso cortical en 20 participantes con larga experiencia en meditación profunda, que implica la atención enfocada a las experiencias internas. Las regiones del cerebro asociadas a la atención y al proceso sensorial eran más gruesas en participantes con una práctica de meditación que los de grupos de participantes sin este tipo de práctica (incluyendo la corteza prefrontal y el ínsula derecha anterior).

Las diferencias en el grosor cortical prefrontal eran las más pronunciadas en pacientes mayores, sugiriendo que la meditación puede compensar el proceso de afinamiento cortical que se produce por la edad. Finalmente, el grueso de dos regiones se correlacionó con experiencia de la meditación. Estos datos proporcionan la primera evidencia estructural para la plasticidad cortical asociada a práctica de la meditación.


Introducción

La meditación es una forma de ejercicio mental que se ha convertido en una práctica popular de la salud de los EE.UU. Se ha comprobado que la práctica regular de la meditación produce cambios en los patrones del electroencefalograma que persisten más allá del tiempo-período de la práctica activa. Presumimos que la práctica regular de la meditación debe también dar lugar a cambios significativos en la estructura cortical en las regiones que se involucran habitualmente durante este ejercicio. Para probar esta hipótesis, utilizamos proyección de imagen de resonancia magnética para visualizar diferencias en el grueso de la corteza cerebral de los médicos budistas experimentados de la meditación profunda. Esta forma de meditación no utiliza mantra o cantar. Es más, el foco principal de la meditación profunda es llevar la atención a un estado llamado "mindfulness". Se trata de un estado sin juzgamientos de los estímulos del momento presente, sin la elaboración cognoscitiva. La práctica formal implica la atención atenta sostenida a los estímulos sensoriales internos y externos. Así, probamos la hipótesis que a diferencias de grupos y diferencias de experiencias en meditación se podría comprobar la evidencia de la plasticidad en el cortical y el engrosamiento de estas regiones del cerebro.


Participantes y Método

Se reclutaron veinte participantes con el entrenamiento extenso en la meditación profunda de comunidades locales de la meditación. Estos participantes no eran monjes, sino los médicos occidentales que incorporan la meditación a sus vidas cotidianas tanto profesional, familiar o social. Dos participantes eran profesores a tiempo completo de meditación, tres eran profesores de yoga a tiempo parcial o profesores de meditación. El resto meditaba un promedio de una vez al día por 40 minutos, mientras que perseguían carreras tradicionales en campos tales como cuidado de la salud y derecho (abogacía). En promedio, los participantes tenían el ± 9.1 7.1 años de experiencia de la meditación y 6.2 ± practicado 4.0 h por semana. Requirieron a los participantes haber participado en por lo menos 1 retiro de, al menos, una semana de duración, que exige aproximadamente 10 horas de meditación por día. Reclutaron a quince participantes sin experiencia en meditación o yoga. La relación de los participantes con experiencia en meditación y los que no la tenían eran equivalentes en cuanto a sexo (varón, grupo de control y meditadores el 65% y el 67%), la edad (meditadores 38.2 años, controles 36.8 años), la raza (agrupa a caucásico del 100%) y años de la educación (meditadores 17.3 años, controles 17.4 años). Todos los participantes eran físicamente y psicológicamente sanos. Dos participantes de la meditación eran zurdos; la exclusión de los participantes zurdos no alteró perceptiblemente resultados. Todos los participantes proporcionaron consentimiento escrito, estuvieron informados y el estudio fue aprobado por el comité examinador institucional en el Hospital General de Massachusetts.

Los métodos de computación utilizados para medir el grueso de la corteza cerebral fueron validados El grueso cortical era estimado a partir de dos imágenes estructurales rápidas preparadas mediante la magnetización del eco del gradiente (MPRAGE) tomadas de cada participante que después fueron corregidas y se tomó un promedio para formar una sola imagen de alta resolución. Se determinó una estimación inicial del límite gris/blanco de la materia clasificando todos los voxels blancos de la materia en un volumen de la proyección de imagen de resonancia magnética basada en una combinación de la información geométrica e intensidad. Se utilizó un procedimiento para obtener la resolución subvoxel en el límite gris/blanco y en la superficie. Los modelos superficiales corticales que resultaban para todos los participantes fueron alineados con un atlas de patrones que doblaban corticales usando una técnica no lineal.


Conclusión

Nuestros resultados iniciales sugieren que la meditación se pueda asociar a los cambios estructurales en las áreas del cerebro que son importantes para el proceso sensorial, cognoscitivo y emocional. Los datos más futuros sugieren que la meditación pueda afectar declinaciones relativas a la edad en estructura cortical.

miércoles, 4 de enero de 2012

El laberinto de nuestra mente. Ergástula o promesa.

Reflexión sobre los procesos neurocognitivos

Los cantos del sentir sosegado
surgen de las raíces,
nunca fluyen del follaje. 


Jorge Luis Borges en el poema Para una versión del I King advierte:

El rigor ha tejido la madeja.
No te arredres.
La ergástula es oscura, la firme trama es de incesante hierro,
pero en algún recodo de tu encierro puede haber una luz, una hendidura.


El ciego vidente de las bibliotecas recupera una antigua voz: ergástula. Cárcel de la antigua Grecia destinada a los esclavos. Nuestra mente puede serlo de nosotros, si no somos capaces de comprender de qué laberinto se trata y para quién juega el pequeño minotauro, el llamado por Buda mono ignorante.

El Minotauro es el fruto de las nupcias evolutivas entre lo terreno y lo celestial, entre lo condicionado de la naturaleza y lo ambiguo y meduseante de la perversión original. Ser simbólico situado entre la carne indómita y una naturaleza monstruosa representa el máximo estado de ignorancia y culpabilidad.

Es cifra de confusión y matriz de todos los condicionamientos de los que el monstruo no es responsable ni de su estigma ni de sus desenfrenadas pasiones.

La responsabilidad es nuestra.

Liberarnos de él representa el primer combate que tenemos que librar en el camino de la interioridad, es decir de hacernos cargo de nosotros mismos, de nuestros proyectos, de nuestra vida diseñada desde la auto-nomia y no desde los mandatos de las “voces de la comarca” y sus sistemas de creencias. Una vida, al fin, que sea una historia dentro de la historia y no un destino ineluctable implica reconocer el laberinto como estructura de nuestro cerebro y derrotar al Minotauro.

Él, junto con Medusa son los dos personajes que enmarañan los sistemas simbólicos de nuestro cerebro atrapándolo en las redes de la Compañía Imaginaria. Aquella que monta permanentemente las escenas de nuestros circos mágicos en los que se despliegan sin cesar ilusiones, fantasías, desdichas y frustraciones.

Reconocer a estos personajes como arquetipos simbólicos que, desde pequeños, enmarañan nuestros sentimientos y pensamientos. En realidad no son nuestros, esa es una de las alucinadas ilusiones, ellos son el producto argumental de la inautenticidad condicionante.

Darnos cuenta desde la serenidad y el trabajo comprometido de las obras enmadejantes y ambiguas de Medusa nos permitirá decapitarla con el arma de la comprensión.

Con respecto al pequeño Minotauro no es cuestión de desperdiciar su energía matándolo. Reconociéndolo como torpe saboteador, proveniente del orden de la cultura y como fuente pulsional de la evolución podemos transformarlo en un centro de energía oscura, como la cósmica, la que al ser trabajada, en nuestros procesos de crecimiento interior -al ser lo oscuro, desde esta comprensión, luz aún inhibida- puede transformarse en un manatial de claridad y aprendizaje; una cantera, o jardín, en donde trabajar nuestra interioridad, liberándonos de los condicionamientos desrealizantes. Se instala aquí el espacio de las “Trampas Cognitivas” sobre el que ya volveremos, luego de un necesario rodeo.


Arqueología de nuestra mente

Vamos a realizar un paseo por la arqueología del cerebro para tratar de llevar la comprensión de la evolución de nuestros procesos interiores a la profundidad que se merece en el camino elegido de descondicionarnos, comprender desde dónde conocemos y ampliar nuestra visión anticipatoria.

Si, como afirmó Parménides en su aforismo V, “pensar y ser es lo mismo”, algo grave sucede en el curso de la evolución del universo. Grave en su doble acepción, como Heidegger ha precisado, en tanto rasgos adversos y sombríos de una época, acumulación de fenómenos indignos y producción de cuanto hay de fútil por un lado; y lo bello, lo grato y el don, por otro.

Recién cuando nos hayamos relacionado con lo misterioso y propicio como lo que propiamente da que pensar, estaremos en condiciones de meditar también sobre el concepto que debamos tener de lo maligno del mal.[1]

En el permanente sucederse de las construcciones, destrucciones y aniquilamientos, lo misterioso del hombre, y fundamentalmente del frágil bien, estaría en lo insondable del universo y de las orientaciones del pensar. Entendemos por tal, siguiendo lo espigado por Heidegger como el inevitable camino que nos conduce a lo pensable; en otras palabras al ser en cuyo ámbito, y solamente en él, hay pensamiento. Lo hay en tanto hay memoria, la cual como dice el filósofo man-tiene o custodia, apacenta o pastorea, teniendo siempre a mano la reunión del pensar. Se preguntó en el inicio del curso de 1951-52 en Friburgo - Breisgau: ¿Pensar en qué?. Y se respondió: “En lo que nos mantiene en la medida en que ha de pensarse. Lo pensado es lo dotado de recuerdo por el hecho de que nosotros tendemos a ello”[2]

Sucede que el hombre, por ser tal y para mantenerse como alguien, necesita pensar ya que, evolutivamente, es el único animal que duda. Aquí el lenguaje, como organizador de todas las funciones mentales[3], se consagra como el partero de las concepciones del mundo, es decir las numerosas cartografías que posibilitan el diseño y construcción de las infinitas formas de organizar la información para tener “un mundo habitable” que permita proyectar un “mundo deseable”.

Mediante el pensar adquirimos un saber. A qué atenernos en el propio mundo; existen por ello diversas maneras de construir y por lo tanto de percibir el mundo. Jaspers sostuvo que una concepción del mundo no es un simple saber acerca de algo sino que se sustenta en valoraciones, es decir en la especifica manera de vivir los valores; en la manera de configurar la vida y en todo aquello relacionado con el origen y con el destino.

Se refería el filósofo a lo último y lo total del hombre, tanto subjetivamente, como vivencia, fuerza y reflexión, como objetivamente en cuanto mundo conformado exteriormente. Es decir aspiraciones, creencias y comportamientos.

Más que la exactitud objetiva, importan para Jaspers los aspectos fenomenológicos, aquellos que permiten comprender cómo se han vivido y sentido las diferentes “realidades” en el transcurso de la acción.

Cuanto más tiempo nos ocupamos de estos contenidos de concepción del mundo, tanto más percibimos las analogías de las formas que se repiten. (...) Sus fuentes fueron experiencias subjetivas, y éstas como tales son reales en cualquier circunstancia.[4]

En el mismo trabajo el autor destaca que: “...muchas veces no sabemos qué inadvertida concepción del mundo nos impulsa.”

Por mundo entiendo un artefacto simbólico que comprende diferentes espacios (aéreos, terrestres, acuáticos, subterráneos, inanimados, simbólicos, metafóricos o utópicos) articulados según las creencias específicas de sus diseñadores, donde se despliegan y cobran sentido objetos y seres que ejercerán diferentes grados de presión, seducción e influencia de acuerdo a sus específicas potencias sobre los hombres que en él viven.

El físico contemporáneo Erwin Schrödinger ha escrito al respecto:

El mundo es una construcción de nuestras sensaciones, percepciones y recuerdos. Conviene considerar que existe objetivamente por sí mismo. Pero no se manifiesta, ciertamente, por su mera existencia. Su manifestación está condicionada por acontecimientos especiales que se desarrollan en lugares especiales de este mundo nuestro, es decir por ciertos hechos que tienen lugar en un cerebro. Se trata de un tipo muy peculiar de implicación, que sugiere la siguiente pregunta: ¿qué propiedades específicas distinguen estos procesos cerebrales y los capacita para producir esta manifestación? ¿Podemos averiguar qué procesos materiales tienen esa capacidad y cuáles no? O más simplemente ¿qué clase de procesos materiales están directamente relacionados con la conciencia? [5]

¿Será posible, de acuerdo a lo anterior, recuperar un pensar capaz de recibir el don y confiarlo a un decir que lo vincule con el habla primigenia[6]? ¿Se podrá producir la “rebelión de la vida” ante la “soberbia de la razón” que propone María Zambrano? ¿Será recuperable la racionalidad de las racionalizaciones dementes que se pretenden absolutas?

A tales preguntas respondemos con un sí, siempre y cuando sometamos a un riguroso discernimiento la compleja noción de razón. Para lo cual consideramos necesario tener críticamente distinguidos los diversos modelos constructivos empleados para concebir en el pensamiento al mundo.

Por lo anterior hemos intentado distinguir los modos de pensar que, como los planetas, orbitan en la galaxia-mente. Jacques Monod ha escrito: “El hombre sabe que está solo en la inmensidad indiferente del Universo, del que ha surgido por azar. Su deber, como su destino, no está escrito en ningún lugar. Le corresponde a él elegir entre el Reino y las Tinieblas.”[7]

En el orden de lo natural, lo existente, y en particular la vida, vive siempre al límite. Permanentemente gestan y juegan al infinito los neurotransmisores, reflejando las huellas de procesos de aprendizaje, el trazado de cableados neuroquímicos y el establecimiento de mapas y cartas cognitivas, por las que rumbean perfomances epigenéticas y filogenéticas para permitir el tránsito evolutivo de las especies por la vida, entre satisfacciones y frustraciones, estableciendo límites al sortear -o no- adversidades.

Francois Jacob -genetista y biólogo molecular del Collège de France y premio Nóbel de Medicina- considera que el hombre es una terrible mezcla de ácidos nucleicos y de recuerdos, de deseos y de proteínas.[8]

J.D. Vincent nos aporta:

El cerebro, el cuerpo y el mundo fluctúan de modo permanente en apasionados intercambios. No hay acto sin emoción subyacente y (…) el habla es el más apasionado de estos actos. Mis palabras y mis gestos, por una parte, mis placeres y mis dolores, por otra, no son independientes los unos de los otros, sino que se encuentran en las vías del cielo y del infierno.[9]

Será en las sutiles conexiones que establecen las neuronas donde se inscribirán de manera progresiva durante el desarrollo evolutivo intentos, aciertos y frustraciones, ensayos y errores. Selecciones sometidas a una intensa interacción y consecuentes regulaciones en la corporalidad adviniente. Nuevo organismo el hombre, nacido de la articulación del entorno con él mismo. Hoy puede afirmarse que el cerebro no representa una totalidad genética sino que en el interior de una envoltura genética propia de la especie se dan instalaciones sucesivas y ensambladas de impresiones epigenéticas, resultado de variaciones y selecciones.[10]

De acuerdo con el estado actual de los conocimientos, se sabe que conflictos evolutivos internos al cerebro sustituyen en la humanidad los procedimientos propios de la evolución biológica en las especies y crean nexos orgánicos con el entorno físico, social y cultural.

Paul Ricoeur responderá pertinentemente a la cuestión: “(…) la vida en su evolución nos ha dejado de alguna forma a la intemperie; quiero decir que la organización biológica nos conduce probablemente a cierta predisposición a la comunidad y al altruismo.”[11]

En el intrincado sucederse de las multiplicidades, transformaciones, degluciones, deformaciones y autofertilizaciones de la materia, o realidad básica, estallan pautas de conexión. Tesis central en el pensamiento de Gregory Bateson para quien la pauta que conecta es una metapauta, es decir, una pauta de pautas.

Se entiende por pauta una regla que sirve para que un algo se constituya o se mantenga por un buen gobierno de sí mismo.

El pensamiento biológico y antropológico de este autor comenzó a profundizarse en la medida que -partiendo de la base que no existe ningún tipo de materia que no responda a un cierto orden, dentro de un cierto abanico de relaciones- pudo comenzar a dar respuestas a la siguiente pregunta:

¿Qué pauta conecta al cangrejo con la langosta y a la orquídea con el narciso, y a los cuatro conmigo? ¿Y a mí contigo? ¿Y a nosotros seis con la ameba, en una dirección, y con el esquizofrénico retardado, en la otra? [12]

Dichas pautas no cuadran con las diversas pinturas realizadas sobre el tema de la evolución clásica unilineal. A la vez que, en su singularidad, amplían el sentido del conjunto. Ni totalmente ordenado, ni lineal, ni necesariamente caótico; helicoidalmente laberíntico, a veces turbulento.[13]

Sistemas ciertamente complejos en los que se presenta el caos como un cierto orden difuso, generador del orden, o fondo que posibilita que el orden se constituya como figura o pauta.

Desde los extremos márgenes evolutivos en aquella naturaleza aun indiferenciada era preciso superar el gesto, liberar las manos de la locomoción y llegar a habitar las capacidades conceptualizadoras, soportadas por la arquitectura neuroquímica cerebral.

El desarrollo evolutivo de la mano incidió en las modificaciones del diseño cerebral y en el acceso a la palabra como condición necesaria para el humano estar. De aquí que hablar, habitar y ser sean indisociables.

Deslumbrante intuición paleoantropológica fue la de Kant al escribir:

La caracterización del hombre como un animal racional fúndase ya en la simple forma y organización de su mano, de sus dedos y puntas de ellos, con cuya estructura, por una parte, y delicado tacto por otra, no lo ha hecho diestro la naturaleza para manejar las cosas de una sola manera, sino indefinidamente todas, y por ende, para el empleo de la razón, significando con todo esto su capacidad técnica o destreza específica de animal racional.[14]

Será en las sutiles conexiones que establecen las neuronas donde se inscribirán de manera progresiva durante el desarrollo evolutivo intentos, aciertos y frustraciones, ensayos y errores.

Selecciones sometidas a una intensa interacción y consecuentes regulaciones en la corporalidad adviniente.

De acuerdo con el estado actual de los conocimientos, se sabe que conflictos evolutivos internos al cerebro sustituyen en la humanidad los procedimientos propios de la evolución biológica en las especies y crean nexos orgánicos con el entorno físico, social y cultural.

Conexiones múltiples y contingentes que no se avienen a una mera dominancia en la necesidad de un sistema objetivo de construcción lineal del sentido. El establecimiento de jerarquías, a menudo es complejo y no lineal, lo adversativo y los procesos oponentes interactúan de manera cuasi constante.

Muchas veces, se generan de tal manera bucles extraños. Designados así por Douglas R. Hofstadter[15] para referirse al fenómeno que ocurre cada vez que dentro de un determinado sistema jerárquico se realiza un movimiento, hacia arriba o hacia abajo, que concluye inopinadamente en el retorno al punto de partida. Serán sistemas de jerarquía enredada aquellos que presentan bucles extraños.[16]

Lo que se llama realidad básica es el despliegue de la diversidad de configuraciones que lo existente -desde los inicios del universo- asume. Cada destello, detalle, fragmento o astilla de un fenómeno concentra en sí mismo -como diría Benjamin- la verdad del todo. De tal modo, cada parte del conjunto, dentro de esas conexiones descentralizadas, conecta de manera natural con el resto de una específica constelación de efectos.

Más allá de la infinita variedad de formas es dable observar similitudes constantes de estructuras y funciones, así por ejemplo la tan mentada diferencia entre los monos y nosotros es hoy estadísticamente medible en términos de distancia genética en el ADN, es decir, el momento de la divergencia entre el chimpancé y el hombre contemporáneo es de 1,4 %, entre el gorila y nosotros es del 1,6 % y entre el orangután y yo es de 2,4 %.

Los chimpancés y nosotros nos separamos de nuestro antepasado común hace unos siete millones de años. Los gorilas se separaron del antepasado común del que procedemos nosotros, los chimpancés y los bonobos, hace aproximadamente diez millones de años.[17]

Si bien las distancias son mínimas, la reorganización que sufren los genes es muy importante. Ello se denomina evolución en mosaico, cuando una pequeña modificación en un gen ocasiona la reorganización en el conjunto de los genes, conocido también como efecto dominó.

No son entonces diferencias en la composición molecular lo que determina que un mamífero difiera de otro, sino modificaciones generalmente mínimas que se producen en el desarrollo de los embriones, modelados por el ambiente.

La diversidad genética constituye una salvaguarda evolutiva para preservar las poblaciones de su extinción. Si sus integrantes fuesen todos genéticamente muy parecidos cualquier modificación inopinada en las condiciones de vida pondría en riesgo extremo a la totalidad de la población.

La diversidad posibilita la reabsorción de los desvíos y el mejoramiento de la perfomance adaptativa. El valor genético de un individuo está dado por la falta de posesión del mismo repertorio genético que el resto del grupo o de la especie. La supervivencia ante la adversatividad está relativamente asegurada para el individuo en tanto ser único y diferente.

Es posible considerar en el interior de la materia orgánica orientaciones dentro de las orientaciones, códigos codificados dentro de códigos, tiempos encriptados en otros tiempos. Al respecto, es posible hablar de información palimpséstica distribuida en tiempos y espacios al interior de zoé, ella posee función de indicación para la conservación de modos de relaciones funcionales entre tipos de conexiones dominantes sobre la infinita variabilidad conectiva.

Desde el campo de la filosofía Walter Benjamin fue uno de los que anticipó la comprensión fractal del tiempo histórico, pre-requisito básico, en tanto durèe, de la evolución, mejor dicho de cualquier evolución, en cualquier nivel. Fue un paciente coleccionista de escenarios que al puntear presentes y describir los diversos ahoras que portan, desmanteló eso llamado ser presente, encontrando como cada pieza posee significado por sí misma, al tiempo que en su singularidad remite al pasado presentizándolo y ampliando el sentido del conjunto. De allí su obsesión por lo pequeño e insignificante. Contemporáneo epistemológicamente, su reflexión lleva a los órdenes profundamente pequeños de las autosemenjanzas, a las que hace referencia Benoît Mandelbrot, al ocuparse de formas y curvas recursivamente definidas, cuya dimensionalidad no es un número entero.[18]

Territorios y límites de meta reglas y meta pautas donde se generan y despliegan pautas de conexión. Sea en el ADN, en la alquimia de los neurotransmisores o en las brumas gaseosas de la historia inmemorialmente presente del sistema solar. En cada secreto otro más pequeño y en éste un tercero aún más pequeño y en éste uno aún más minúsculo hasta el infinito, en tanto que la importancia del descubrimiento aumenta a medida que su talla disminuye.[19]

El código genético con muy pequeñas variaciones es común y nos hermana con todas las manifestaciones de la vida pasada y presente, sin él la generación de proteínas y su ensamblaje no hubiese sido posible o se hubiese logrado de maneras meramente aleatorias y no estaríamos para dar testimonio de ello.

Hoy gracias al empecinado vigor de dicho código a lo largo de miles de millones de años no es sólo un contenido de conciencia mítica expresada en una narración cosmogónica o una metáfora poética decir -sin perder objetividad científica- que estoy hermanado con algún virus furtivo, emigrado de algún lugar del espacio estelar cobijado en alguna mota de polvo cósmico, hermanado con las algas verdiazules o que el chimpancé, los gibones y bonobos con gran cuidado y singular altruismo empezaron a enseñarme a hablar y a habitar.

La duración de lo que hemos dado en llamar un algo es en realidad la consistencia interna de ese algo o configuración. Esta no es otra cosa que la pregnancia de la interdependencia. En algunos casos -o en la particular situación de algo- a lo intangible de la tal consistencia podemos llamarlo valor. Es decir, algo vale en tanto -a pesar de cierta y necesaria aleatoriedad- se mantiene como algo consistente. De aquí tal vez aquello de talante o valor de ser, donde los valores serían enraizamientos actualizados de orientación y sentido en los légamos del alma.

Se ha dicho talante al pasar. Talante es lo que revela el modo de pasar por el instante que tienen las configuraciones de algo o de algunos. Talante para el diccionario es el modo o manera de ejecutar una cosa, disposición, voluntad o deseo para hacer, o conceder una cosa.[20]

El tono de los forcejeos, el juego por seguir pasando, el talante o los múltiples intentos de las pautas de conexión por mantenerse como tales, es decir, conectando algo con algo, o algo con algunos con cierta consistencia o coherencia, con cierto aire de familia -posibilitando rastrear series- es lo que llamaremos duración. No abstracta ilusión temporal. Sí mejor el manifestarse -éxtasis- de la pauta de conexión, en un específico campo tensional, que permanentemente se vacía, se fecunda, se transforma, se renueva, manteniendo cierto tipo de ritmos de intensidades variables.

Nos encontramos que en la tal duración podría ovillarse lo que llamaríamos principio de orientación, el cual tendría la capacidad formal de rechazar la indeterminación, al tiempo que aplicando la necesaria flexibilidad admitiría cierta dosis de ella para poder absorber los desvíos propios del espacio, suscitados especialmente en los límites y fronteras durante migraciones, desplazamientos o confrontaciones.

Orientación no teleológica, sin finalidad ulterior, mas sí orientada al mantenimiento de la consistencia y la coherencia en el mero proceso del ir siendo lo que ya se es.

Los sistemas se van limitando a sí mismos, con el paso del tiempo, según trayectorias prácticamente únicas, aunque repitiendo, en un número indeterminado de ensayos, un mismo estilo de cambio. La conversión de la energía del cambio en estilo (Talante) o información es una noción absolutamente generalizable. (…) La evolución de la materia no sería más que la restricción progresiva de las posibilidades por causa del propio desarrollo. (…) El resultado de todo episodio de selección entre individuos de diferentes especies, o entre individuos de una misma especie o de crecimiento, o de cambio de localización, o de aprendizaje y adquisición de información, y un largo etcétera depende del escenario de cada momento. Éste es, a su vez, consecuencia de la concatenación de episodios que se han vivido anteriormente, y de los que han sido actores las entidades que nos interesan directamente, así como componentes acompañantes.[21]

Somos la única especie que para llegar a ser tal debió atravesar dramáticas vicisitudes desespecializantes, proceso en el cual alcanzamos los mayores grados de precariedad biológica, en ella la prematuración humana -consecuencia mecánica de la bipedestación- demanda la organización comunitaria de un cobijo, cualitativamente mucho más complejo que cualquier nido. Espacio producto de la fertilización del entorno mediante los cuidados, la solidaridad y el amparo del amor. Ello evolutivamente fue preparado.

Nuestro cerebro lentamente venía brotando.

El intensificado cuidado parental y grupal entre los simios y monos antropoides, el aprendizaje prolongado, el fortalecimiento de las relaciones de parentesco y el enriquecimiento de los afectos y emociones habrían tenido efectos marcadamente beneficiosos sobre la perfomance adaptativa de los mismos, al tiempo que incidía evolutivamente en el desarrollo del futuro neocortex humano.

En algún momento en las glaciares brumas que cobijan el pasado, la Naturaleza encontró un modo de acelerar la proliferación de las células cerebrales (…) Perdimos nuestra envoltura velluda, el tamaño de nuestras mandíbulas y dientes se redujo, nuestra actividad sexual se hizo más tardía, nuestra infancia se convirtió en la más desvalida entre todas las especies animales: todo quedó subordinado al desarrollo de ese hongo de veloz crecimiento que había surgido en el interior de nuestra cabeza.[22]

Jean-Didier Vincent agregará al respecto:

Todo sucede en la evolución como si la dictadura de ciertos genes se viera progresivamente desbordada por factores epigenéticos. Lo que caracteriza a los vertebrados es el impresionante aumento de su interacción con el mundo (…) En la inmensidad creciente del cerebro, los territorios que representan a la vez al mundo y a las acciones que en él acontecen, recubren y borran, a modo de un palimpsesto, las viejas estructuras impuestas por los genes.[24]

En este contexto, contrapunto de voces y experiencias que nos han brindado hasta aquí los autores citados resuena como en obstinato la voz de Spinoza afirmando en la proposición sexta, de la tercera parte de su Ética: “Cada cosa se esfuerza, cuanto está a su alcance, por perseverar en su ser”.

Dunbar[24] demostró que el tamaño del neocortex de los primates es proporcional al tamaño de sus grupos. Cuanto más importante sea el grupo mayor dedicación adquieren los cuidados y la estimulación mutua.

Esto contribuye al mantenimiento de la coexistencia y la cohesión al interior de los grupos y al reconocimiento de los individuos, junto con el interjuego de los sistemas de altruismo, mutualismo, punición, rencor y su correlato en términos de ganancias o pérdidas de adaptación. Abanico de conductas posibilitado por la región frontal del neocortex vinculada con la sociabilidad.[25]

La relación entre tamaño del neocortex y tamaño del grupo ha sido investigada desde distintas perspectivas independientes entre sí, y todas concuerdan en que el tamaño del grupo está limitado al número de relaciones que un individuo animal puede monitorear y que esto a su turno está limitado por el tamaño del neocortex. El desarrollo de éste fue correlacionándose con la geometría facial, en la cual la cara hacia adentro permite una mayor flexibilidad de la lengua y la relación con la dieta posibilitó el desarrollo -a través de la masticación- de músculos importantes para el movimiento de la lengua, al tiempo que se lograban modificaciones en la posición del tracto vocal -más hacia abajo- y así comenzó a poder ejercitarse el habla.

En fósiles homínidos se ha identificado el punto en el que el lenguaje pudo haber aparecido. Hay coincidencias con el desarrollo de la simetría del cerebro, las áreas de Broca y Wernicke asociadas a su vez con la capacidad motora de la mano.

En el homosapiens arcaico Homo Heidelberguensis de la segunda mitad del pleistoceno medio, hace 300.000 años, coincide con la cara ancha, más flexión de la base del cráneo y laringe baja. Estos homínidos pueden haber tenido una capacidad de fonación eficiente para el tamaño de los grupos que entonces existían[.26]

Una importante coincidencia que observan los investigadores al estudiar series estadísticas de materiales arqueológicos permite correlacionar la mayor capacidad cerebral con momentos de mayor ocupación del espacio e intensidad migratoria.

El lenguaje humano surgió entonces antes del paleolítico superior y tiene una base común con el sistema de comunicación de los primeros homínidos, como así también con los primates no homínidos.

Desde nuestra perspectiva metodológica y de acuerdo con el estado actual de los conocimientos estarían correctamente sustentadas las hipótesis por las cuales se demostraría que la evolución del lenguaje ha sido gradual y se mantuvo en forma transicional continua desde los primates al hombre. Se establecieron, asimismo, estados de desarrollo del lenguaje en los que el tono y la emoción, eran más importantes que el contenido y la información.

Estos procesos, a los que estamos haciendo referencia, no se dan como secuencias lineales del tipo estímulo respuesta o in put-out put. Hoy está bastante bien registrado por las neurociencias que se trataría mejor de procesos asociativos de redes de redes que se darían en el tiempo de la experiencia mundanizante y en el espacio interior de los procesos cerebrales.

Estos generarían respuestas adaptativas emergentes ante desafíos cognitivos del medio circundante, las resonancias generadas al interior del cerebro desencadenarían procesos producidos por elementos sencillos con una alta coordinación. Se trataría de dinámicas rápidas que involucran a la totalidad de las sub-redes las que habilitarán determinadas disposiciones para la acción.

Lo cognitivo no es un flujo continuo, sino que está atravesado por pautas conductuales que aparecen y desaparecen. Se presentan cada vez más evidencias sobre estas resonancias rápidas que unen transitoriamente ensambles de neuronas, pautadas por unidades de tiempo durante un percepto. Logran de tal manera un altísimo rendimiento ya que las redes y los procesos neurales se redefinen constantemente sobre los fondos caóticos de las potencialidades cerebrales.

Replicadores de una nueva evolución, la simbólica, que se desplegará a través de novedosos diseños de redes neurológicas que contarán con también nuevas y exteriores pautas de conexión y orientación en la creciente complejidad de las operaciones tecnológico-rganizacionales. Focalizadas en la supervivencia, a través de una adecuada perfomance adaptativa, requieren articular sistemicamente para la satisfacción de las necesidades básicas: hábitat, lenguaje, unión y especialización conyugal, solidaridad y/o altruismo grupal, disponibilidad tecnológica, modalidades de enseñanza-aprendizaje, narraciones fundantes, emociones y creencias vinculantes.

En ese inmenso viaje se habrían gestado las condiciones para el adviento del milagro antropopoyético fundante: la producción por parte del cerebro de redes externas a él, las nubes de sentido llamadas símbolos, ideas complejas, unidades memorables distintas. Matrices del diseño, el arte y el lenguaje. En los remotos tiempos allí comenzaron a hacer nido y establecer morada los dioses.

Los héroes míticos, los dioses y las operaciones mágicas han sido en la evolución psiconeurológica tan imprescindibles como aminoácidos y proteínas lo fueron para la biológica. Ellos representan la pauta de conexión básica o de mediación con lo desconocido, con aquello oculto, con lo otro oscuro y totalmente abigarrado; con lo desmesuradamente ocupado por las cerrazones de la naturaleza: manglares, selvas, inmensidades del espacio, desiertos y sabanas, mares, océanos, abismos, eclipses y estremecedores fenómenos atmosféricos, en las tierras, las aguas y los cielos, que bramaron y braman.

Desnudos y vaciados de recursos estaban los hombres, gozando de la extraña ganancia evolutiva alcanzada: el lenguaje y la radical adaptabilidad. Algo faltaba para haber podido disponer de ciertos momentos de sosiego y calma. Tal vez, entonces comenzarían a experimentar los dolores de habitar la conciencia y las tensiones de sus demandas.

En silencio y soledad, en las claridades crepusculares o en las penumbras de la aurora, en un mundo atiborrado de seres de todos los órdenes, teniendo que depender para su alimentación de la caza de animales gigantes de la mega fauna prehistórica, es posible que hayan sentido el estar arrojados a lo totalmente ocupado y peligroso, haberse percatado de ser una nada confrontada con todo y con un todo con la desconocida capacidad de actuar contra o sobre ellos.

Los hombres de las comunidades aurorales se hallaban situados ante las extremas tensiones entre lo exteriormente lleno y el vacío interior, la nada y las percepciones nadificantes propias de tal mundana infancia.

Estaban expuestos a lo abigarradamente innonimado, aún, de esa naturaleza caótica, a la que se la empezaba a encuadrar en espacios fértiles de sentido, o se perecía. Tal vez de allí conservemos esta extraña pulsión entre la nada y lo lleno, entre los humildes vacíos y los desbordes del acaparamiento sin pauta, el espanto y los horrores.

Estaba ya instalada entre nosotros la fisura o la falla primordial. El vacío en el hombre arcaico surgiría como producto de la soledad del grupo y de sus miembros frente al universo desconocido y de la diferencia extrema, consecuencia de la escisión del estado de naturaleza, corte o herida ontológica primordial, que instauraba definitivamente la pérdida del estado de inocencia.

Nada a partir de allí sería bestial o animal, salvaje o infrahumano, sería simplemente humano; con sus áreas en penumbra, sus asombros, alegrías y sus aspectos siniestros.

Con los animales seguíamos compartiendo el horizonte, pero a diferencia de ellos fuimos los únicos que pudimos levantar la mirada y nos encontramos inmersos en el Universo. Según cómo se resolviese este tremor y temor entre lo infinito representado por los horizontes y lo inconmensurable puesto de manifiesto por la bóveda celeste, será la manera en que se organizarán las peculiares y específicas narraciones míticas y posteriormente las sistematización del pensamiento religioso.

De tal forma existirán las particulares maneras de velar, cubrir, denegar, comprender, aceptar y/o dar cuenta de la angustia existencial propia de nuestro ser producto de una falla evolutiva.

Sobrevivir le exigió a la conciencia encontrar recursos neurológicos-cognitivos que le permitiesen a los hombres ir resolviendo puntualmente la extrema tensión entre lo vacío y lo caóticamente repleto y ambiguo.

Dio entonces el salto evolutivo crucial al generar el primer concepto etiológico: alguien llegó antes y ya pasó por esto. Por algo son dioses; si los héroes de los que nos sentimos orgullosos y con los cuales podemos identificarnos lograron esta tierra habitar, la posibilidad para nosotros está abierta, en tanto cumplamos con sus prescripciones fundacionales.

Comenzará entonces el variopinto despliegue de héroes míticos, demiurgos, tesmóforos y psicopompos. Los dioses habían llegado para que los hombres lograsen quedarse estableciendo morada, espacios del cubrirse, hablar, orar y celebrar. Fueron el shifter, o embragador de tiempos y gozne articulador, que posibilitaría la continuidad evolutiva entre lo biológico y lo simbólico y cultural.

Por esos caminos evolutivos los hombres lograron establecer sentidos y referencias autovinculantes mediante los nombres que posibilitaron las maneras de relacionarse con las cosas. Tal ensamble por la mediación de los dioses y las operaciones mágicas permitió manejar la angustia arcaica, madre de todos los pánicos y todas las confusiones.

El principio neurobiológico de orientación reforzaría sus capacidades, incluso las inmunológicas de autopreservación, al integrar una meta pauta de conexión entre los seres consigo mismos, con su corporalidad, con sus semejantes y con los dones del pequeño territorio vivido y sentido como el mundo de nuestros antepasados.

Los héroes y los dioses comenzaron, de tal manera, a entretejerse en los sucederes de las cotidianidades aún sin tiempo. Se constituyeron en trama, en textos de inteligibilidad de alta densidad simbólica, expresados en narraciones etiológicas y en cantos míticos a través de los cuales el afuera caótico y multiforme, inmenso de imposible asibilidad, hasta ese momento, pudo ser manejado, comprendido e incorporado mediante las configuraciones del común origen. Los hombres así contenidos y encuadrados en la tarea de ir nombrando y actuando iban creando mundo, iban asiendo el propio al hacerlo.

Al ordenar el caos se generó un cierto y particular orden, era ya posible disponer de los espacios, es decir ir construyendo hábitats. Por ello hoy los pueblos aborígenes andinos pueden expresar en sus masivas manifestaciones de resistencia: “nosotros los originarios exigimos”.

Se organizaron en el interior de la conciencia sistemas de referencia, pautas de interiorización de lo externo, pautas de mediación y de conexión habilitantes de tonos, modos y maneras particulares de un hacer lo comunitariamente necesario.

Ello por su parte posibilitará, a su vez, la diversificación de talantes, los que compartidos y transmitidos perfilarán estrategias narrativas que permitirán una construcción, al tiempo que comprensión, del artefacto humano por antonomasia: el mundo.[27]

Los protagonistas de los mitos etiológicos, o de origen, han sido los héroes y los dioses; ellos, los que llegaron antes y pudieron adaptarse, enseñaron a vivir y a morar. Ellos brindaron certidumbres en las acciones y ellas garantizaron las posesiones, es decir orientaron la circulación de los dones y permitieron determinar cuáles corresponden a nuestro mundo y cuáles no. Operatoria clave para la determinación de la identidad y para el establecimiento de las diferencias, en tanto matriz de comprensión que articula el develamiento de cada realidad mítica y justifica los procedimientos técnicos propios y apropiados.

Sistemas neurobiológicos de lento ensamblaje evolutivo en el recíproco interjuego entre la neuroquímica de los cableados con los mapeos cognitivo-simbólicos y sus transcripciones culturales, que desde el inicio de su imprescindible diseño actuaron como poderosas mallas de contención de angustias e incertidumbres.

Se logró superar tempranamente -mediante el cobijo, el habla y la adaptación neurológica de la conciencia- el temor que mucho después Parménides atribuirá a la agonía de la criatura perdida en las tinieblas.

Hacia fuera se expandía el mundo, y hacia el interior de nuestra corporalidad, se expandía lo único que, a partir de aquel entonces, iba a poder hacerlo hasta nuestros días: la capacidad de los sistemas simbólicos de nuestras conciencias, gracias a las capacidades neurológicas con las que la evolución nos distinguió.[28]



Arturo Emilio Sala


NOTAS
[1] Heidegger, M. ibid. 34.
[2] ibid. p.9.
[3] Vigotszky, L. S. Pensamiento y lenguaje. Buenos Aires: La Pléyade, 1973
[4] Jaspers, K. ibid. Madrid: Gredos, 1967, p. 23.
[5] Schrödinger, E. Mente y Materia. Barcelona: Tusquets, 1984, p.15
[6] Heidegger, M. ¿Qué significa pensar? Buenos Aires: Nova, 1978, p. 234
[7] Monod, J. El azar y la necesidad. Barcelona, Tusquets,1989.
[8] Jacob, F., La souris, la mouche et l’homme. París: Odile Jacob, 1997.
[9] Vincent, J. D. Biología del diablo. Santiago de Chile: Dolmen, 1997, p. 131
[10] La epigénesis se refiere a una sucesión de cambios mediante los cuales el organismo en el proceso ontogenético pasa por distintas fases, unas diferenciadas de otras, en las que aparecen nuevas partes y caracteres que no estaban preformados.
[11] Changeux, J-P., Ricoeur, P. Lo que nos hace pensar. La naturaleza y la regla. Barcelona: Península, 1999, p. 27
[12] Bateson, G. Espíritu y naturaleza. Buenos Aires: Amorrortu, 1990, p.7
[13] En los medios líquidos cuando los fluidos discurren en forma ordenada a tal flujo se lo denomina laminar. Cuando es acompañado por mezclas diversas y sometido a remolinos y a muchos giros superpuestos que se mueven al azar generando diversas energías y modos de disipación se habla de flujo turbulento.
[14] Kant, I., Antropología en sentido práctico. Madrid: Alianza, 1991, p. 280
[15] Hofstadter, D. R. Gödel, Escher, Bach: una eterna trenza dorada. México: Ciencia y desarrollo, CNCT. 1982
[16]En la obra antemencionada el autor comenta que muchas de las paradojas clásicas al estilo de las de Epiménides o la del cretense mentiroso. (“Todos los cretenses son mentirosos” o “Esta aseveración es falsa”) Algunas obras de Escher, como Manos dibujando; el teorema de Godel; la música de Bach, en especial: La ofrenda musical a lo comentado agregaríamos los Köanes del Acantilado Azul de la tradición Zen. De tal orden suelen ser las recursividades que influyen en los procesos de reagrupamiento o cambio de nivel, claves en los procesos evolutivos.
[17] Diamond, J. El tercer chimpancé. Madrid: Espasa - Calpe, 1994.
[18] Mandelbrot, B. B. Montañas y dragones fractales: la intuición en la matemática y en las ciencias. En: Sobre la Imaginación Científica. Edición de Jorge Wagensberg. Barcelona: Tusquets, 1990 Metatemas.
[19] Benjamin, W. Velada con Monsieur Albert. En: Quimera, Barcelona. número 42, 1984, p. 38
[20] Para José Luís L. Aranguren talante es aquello que nos es dado por, naturaleza, se correspondería con el tono vital y constituiría la materia prima de la ética. Sería la fuerza o thymós que poseeríamos y con la cual tendríamos ineludiblemente que forjar en la fragua de los días nuestro carácter. Ver: Ética. Madrid: Alianza, 1993.
[21] Margalef, R. Historia natural del cambio en sistemas organizados. En: Sobre la imaginación científica. Edición de Jorge Wagensberg. Barcelona: Tusquets, 1990, p. 143. Metatemas
[22] Eiseley, L. El eterno viaje. Buenos Aires: Sudamericana, 1964, pp. 111-112.
[23] ibid. p. 50
[24] Aiello, L. C. Dunbar, R. I. M. Neocortex Size, Group Size, and the Evolution of Language. En: Current Anthropology. 1993, 34 (2):193.
[25] Dunbar, R. I. M. Neocortex size and group size in primates: a Test of the Hypothesis. En: Journal of Human Evolution, Londres, 1995, 28: 287-296
[26] El tamaño de los primeros grupos humanos es calculado por los paleoantropólogos a partir del volumen de los grupos de cazadores – recolectores de las sociedades modernas. Se sitúa, de tal manera, alrededor de los 150 individuos. Extrapolando a estos el 15% del tiempo dedicado por los chimpancés a las actividades de acicalamiento de unas cincuenta personas el resultado sería altamente negativo ya que estos tendrían que dedicar un 45% de su tiempo a tales menesteres en desmedro de la necesaria distribución de tareas.
[27] Espacio vivencial, que cual ontológica herida, irá siendo colonizado por lo santo, lo fasto, lo sacro y las diversas manifestaciones del poder: Kratofanías, Hierofanías, Teofanías y tardíamente las que hemos denominado Sociofanías, en especial las estudiadas brillantemente por Elías Canettti, Masa y Poder. Barcelona: Muchinik–Alianza, 1999.
[28] Para profundizar estos aspectos se puede recurrir a las siguientes fuentes: Duch, L. Mito y Cultura. Barcelona: Herder. 1998; Gusdorf, G. Mito y Metafísica. Buenos Aires: Nova, 1960; Leenhardt, M. Do Kamo. Buenos Aires: EUDEBA, 1961; Van der Leew, G. Fenomenología de la Religión. México: FCE. 1964; Zambrano, M. El hombre y lo divino. Madrid: FCE. 1993; Paz, O. El arco y la lira. México: FCE. 1956. Blumenberg, H. Trabajo sobre el mito, Barcelona, 2003 y la obra completa del etnólogo italiano Ernesto de Martino.

martes, 3 de enero de 2012

Las galaxias en el universo interior.



“En el principio fue la acción.”

“La energía de la rocas eleva mi alma y le da solidez.”
Goethe

"Y la madre tierra se estremece regiamente en su incesante procrear."
Hermann Hesse








Variaciones pequeñísimas en las condiciones iniciales pueden dar insospechados resultados. La evolución del universo y de la vida terrestre respondió a la acción del caos y de sistemas complejos, sin embargo sus estrategias adaptativas fueron y son económicas y sencillas.

Antes de iniciar un viaje todos sabemos que es importante tener idea de dónde salimos y por dónde vamos a ir. Ser peregrinos hacia nuestra propia interioridad, como es el caso, nos exige conocer dónde poner nuestros pies, saber con qué rocas podemos tropezar, qué agua hemos de beber y cuál es el oxígeno que la vida nos regala en cada inhalación, y que devolvemos en cada exhalación.

Hermann Hesse ha escrito: “También para nosotros los caminantes todos los caminos conducen a casa[1]. A la casa interior, aquella que los filósofos medievales llamaban la domus diminuta, contenida en la domus amplissima, el Universo.

Por otra parte es bueno tener en cuenta que San Francisco fue un poeta que anticipó la poesía del conocimiento científico actual cuando hablaba del Hermano Sol y de la Hermana Luna. Carl Sagan lo expresó con precisión cuando nos definió como “polvo de estrellas”, sin embargo es importante reconocer que el 90% de nuestro universo está compuesto de la llamada materia oscura y aún no sabemos de qué se trata.

A pesar de ello, y de eso sí estamos seguros, en el Universo y en la vida son muchas más las cosas que nos unen que aquellas que nos diferencian.

El físico Erwin Schrodinger[2] se refiere a las metáforas empleadas para hablar sobre la materia, el origen cósmico y la construcción de estrellas y galaxias, a la biología molecular y a la paleontología como aquellas “que permiten organizar el plano del arquitecto, la destreza del constructor, y todo ello puesto en juego al mismo tiempo

Los astrofísicos contemporáneos, como sus pares mayas, aztecas y súmeros, hablarán hoy como lo hacían ellos ayer, de energías oscuras y densas, aún desconocidas, que tienen al universo en constante expansión hacia un más allá impensable.

Espacios por los que entre bosques de constelaciones, galaxias, super novas, agujeros negros, densidades extremas y caóticos plasmas estelares, en la llamada sopa primordial, ya palpitaban las pulsaciones de las medusas y de nuestros futuros corazones.

San Juan en el Cántico Espiritual nos dirá: “Dios crió todas las cosas dándoles el ser de nada”. (1,18.)

Las aves con sus danzas en las brisas nos brindan conmovedores testimonios de la prodigiosa riqueza del universo que habitamos; cormoranes, avutardas y gaviotas guían en la búsqueda de los fermentos de las cósmicas levaduras gracias a las cuales las aves y nosotros pudimos surgir de la caótica materia primordial.

Alados y ligeros los pájaros dan cuenta, hasta en los confines del mundo, del gigantesco movimiento perpetuo de expansión cósmica que nos arrastra hacia lejanas galaxias, en las cuales mediante la astronomía, la física, la química y la biología están hoy los científicos en condiciones de identificar algunos de esos fermentos primordiales con los cuales comenzaron las primeras construcciones desde la nada.

Tras los velos que llenan de misterio la mirada de los poetas:


Comienzan a sentirse las puras vibraciones del corazón de los astros, de las plantas y de las bestias y del corazón sagrado de la materia que sólo es inerte porque se presta a ser domada hasta el no-ser para servir. Y también el tiempo primero que cae y desciende rescatado de cada cosa. El mar sin límite de las vibraciones de la vida y su corazón primero. Un cáliz donde toda vibración se transforma y la materia es redimida de su servidumbre, donde el tiempo es consumido y se hace instante, como si ese Dios desconocido del que me han hablado llamara hacia sí irresistiblemente, abismo donde toda vibración, todo latido, entra para pasar a ser vida. Cáliz y abismo donde el instante deja de ser grano de arena; es germen, fuego, luz. Suceso que no pasa.[3]

La ciencia en su lenta construcción nunca podrá contar con repuestas definitivas sino con vigorosos hilos conductores, con líneas directrices que están en el centro de las investigaciones contemporáneas, ellas han demostrado contundentemente que nada de lo que ocurre deja de estar entretejido, sea en el universo, sea en la configuración o diseño de nuestro cuerpo y dentro de él especialmente en el interior de la “galaxia mente”.

La vieja y hermética aseveración de que todo tiene que ver con todo en los tableros de la complejidad, sea en las minúsculas galaxias azuladas, situadas a unos diez mil millones de años luz, prácticamente en los confines del universo observable[4]; sea en asteroides, planetas, estrellas y agujeros negros por un lado y de moléculas, átomos nucleones, quarks, aminoácidos, proteínas, ADN, y neurotransmisores por el otro, forman parte de la construcción de nuestras historias individuales, en las que se aúnan como en la danza de Shiva el espacio de Einstein y los cielos de Van Gogh[5] junto con los zorzales que me hicieron el milagroso regalo de anidar para navidad en el jardín de mi estudio, desde donde en el instante en que esto escribo ellos observan que yo los observo y una vez más lo alto y lejano se expande en lo bajo y cercano en las infinitas construcciones de sentido, las que Baruch Spinoza “... encontrará en el asiduo manuscrito que aguarda, ya cargado de infinito”.

La construcción del universo comienza, según Hesíodo, con una despiadada guerra entre dioses y titanes, luego de una terrible hecatombe los últimos son vencidos y entonces los hombres pueden entrar a la Tierra.

La metáfora científica de la cosmología contemporánea cuenta algo semejante: en los tres primeros segundos el universo está poblado de materia, constructiva y por lo tanto diremos que buena o divina, y de antimateria, oposición destructiva dispuesta a la aniquilación total de todo lo que de la nada absoluta pudiese emerger o mínimamente configurarse.

En aquellos comienzos la cantidad de materia se correspondía exactamente con la de antimateria; si esa relación de energías se hubiese mantenido, la totalidad de la llamada masa cósmica se habría transformado en luz, solamente en una inmensa luz que hubiese mantenido al universo absolutamente vacío y carente de fertilidad, sin galaxias, nebulosas, ni estrellas.[6]

No es bueno que Él, Dios o Buda estén solos y aburridos, por ello en el universo posterior a los tres primeros minutos la antimateria quedó casi totalmente ausente de él.

Los astrónomos contemporáneos, tratando de correr los velos que Aleph se obstina en mantener, narran que antes de concluido el primer segundo la antimateria se degradó y así al fin pudo la complejidad comenzar a danzar. Se produjo una transición de fase, o cambio de ritmo, pasando a un minueto o transición electro débil.

Cambio de paso realizado por Shiva que al lograr romper la simetría primordial generó un minúsculo y sutil sobrante de materia que en su aniquilación de dos en dos no encontró partenaire negativa y logró obstinarse en no desaparecer.[7]

De esas sobras del segundo fueron construidos los primeros protones y neutrones los que, algo más adelante, producirán átomos en el interior de las estrellas y moléculas en la superficie de los planetas. De tal modo ya estaban listas las materias primas que en la futura tierra concluirían construyendo los “ladrillos” de la evolución vital: los genes de los organismos y los minerales del mundo inorgánico, que ya desde entonces mantendrán sus potentes nupcias. Pero recordemos que siempre desde los fondos de la eternidad lo que legisla es la complejidad, la inestabilidad y la expansión.

La génesis de los átomos presupone un lecho cósmico en el que las estrellas fueron paridas, gracias a orgasmos estelares previos que duraron miles de millones de años. Ritmos eróticos de variadas cadencias imprimieron su sello en el corazón de las estrellas gigantes las que, a pesar de serlo, no soportaron tamaña intensidad y terminaron en explosiones que dispersaron el fruto de tales gestas por el espacio galáctico. Ello contribuyó a la elaboración de los zócalos planetarios lo que representó una etapa fundamental en la aparición de la vida terrestre.

Pensemos que el espacio interestelar estaba saturado de átomos que, por su parte, se hallaban bajo el efecto esterilizador de las radiaciones ionizantes, las que contaban con la capacidad de neutralizar cualquier intento de edificación molecular, por lo cual la vida no hubiese podido fecundar la Tierra.

Era preciso construir las condiciones hospitalarias del planeta, para tornarlo confortable para la aventura de la vida. “Las explosiones y colisiones de cuerpos celestes, en su fría e impersonal brutalidad, pertenecen a nuestra historia antigua, sus talleres se inscriben en la logística de nuestra venida al mundo”.[8]

Sostienen los especialistas que en la naturaleza a cada partícula le corresponde su contraparte negativa. Al electrón negativo lo acompaña el positivo, así existirán protones y antiprotones, neutrones y antineutrones, neutrinos y antineutrinos. Estas oposiciones no son meramente teóricas; tuve el privilegio de asistir a tales confrontaciones en el Tandar, el acelerador de iones pesados de la CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica), allí se fabrican experimentalmente miles de millones de partículas.

Sucede que cuando una de ellas se encuentra con su antipartícula se aniquilan mutuamente transformándose en radiaciones, mientras la masa resultante se convierte en energía luminosa; experiencias que en algunos producen iluminaciones tanto místicas como profanas.

Estos encuentros, ocurridos mucho antes del nacimiento del sistema solar, dejaron los espacios cubiertos de átomos nuevos; el útero en que se construyeron fueron en realidad los corazones estallados de las estrellas. Átomos de carbono, de nitrógeno, de oxígeno y de hidrógeno preñaron entonces a las siderales nebulosidades de astros en gestación; desde los “tres primeros minutos” del big-bang, o gran construcción iban emergiendo de la nada estallidos, expansiones, contracciones, luces y densísimas sombras.[9]

Svante A. Arrhenius, premio Nóbel de Química en 1903 y fundador de la físico-química contemporánea fue el primero en plantear la hipótesis del origen extraterrestre de la vida, la “panespermia” o sembrado vital a través del universo mediante esporas o levaduras portadas en el interior de cometas o meteoritos; sin embargo reconoce el científico que muchas de las hipótesis recientes estaban ya esbozadas en los Principia del “amigo” de Borges, Emmanuel Swedenborg, publicados en 1720.

En 1981 Francis Crick reactualizó el tema y desde entonces las investigaciones han demostrado que las esporas pueden resistir en extremas condiciones de temperatura, aceleración e impacto, razón por la cual nada les impediría realizar un viaje desde, por ejemplo, Marte a la Tierra; hoy son cada vez más los astrofísicos que sostienen que la panespermia podría ser un fenómeno usual de inseminación espacial.

Coincidencia entre las ciencias duras del presente y las poético-contemplativas intuiciones de aquel peculiar maestro de Borges y Marechal, el inefable Macedonio Fernández que, en el traspatio de su vivienda en la calle Sarandí del porteño barrio de Constitución, entrevió - sin llegar a tirarse sobre la gramilla pampeana al mediodía - la resolución de algunos enigmas del universo.

De su voz los discípulos comprendieron que:
"(...) el caso es que las condiciones de formación de la tierra se están y estarán repitiendo dondequiera en lo estelar; si no en la tierra, se estará produciendo la vida en algún mundo; nebulosas con más de 7.000º de temperatura que dentro de trillones de años pasarán al estado atómico cuando los electrones se hayan combinado formando los átomos".[10]

Gracias a los átomos de helio el sol sigue latiendo y las estaciones con sus ciclos realizan la regie de la puesta en danza, vuelo y canto de la vida sobre nuestro planeta. La confirmación experimental realizada contemporáneamente a las predicciones de Einstein y sus colegas por el físico Alain Aspect lleva a reconocer que las interpretaciones meramente mecánicas y reduccionistas de los procesos físicos básicos deben ser finalmente abandonadas y sustituidas por interpretaciones en las que tendrían que primar, a la altura actual de nuestros conocimientos, visiones de un alto grado de interconexión e integración para comprender la dinámica del cambio en los niveles básicos de la realidad física.

Entre las partículas que surgen de estados de unión especiales existe alguna clase de influencia mutua en virtud de la cual permanecen íntimamente conectadas, de manera que ciertas propiedades, como el spín o la polarización, siguen estando correlacionadas por mucha distancia espacial que haya entre las partículas. La causalidad que actúa aquí es una expresión de poderes intrínsecos en los campos de partículas que hacen que el sistema entero se comporte como una unidad. Las partículas no son afectadas por fuerzas externas, sino que ellas mismas son aspectos de un único proceso que se distribuye en el espacio y que cambia en el tiempo según reglas definidas (las de la mecánica cuántica).[11]

Los físicos reconocen en la actualidad que los principios de la mecánica cuántica portan o implican una serie de conexiones profundas, no locales, entre las partículas; así por ejemplo partículas fundamentales como el electrón, el que por no tener partes constitutivas no puede andar suelto por el espacio, no sobrepasan el yoctogramo, el cual equivale a la cuatrimillonésima parte del gramo y constituye el denominado nivel uno de la materia.

Ahora bien, si se dan las condiciones para que el electrón sea tentado a asociarse, puede entonces integrarse en un átomo, como el de hidrógeno, el cual no llegará a alcanzar los mil yoctogramos; pasará entonces a formar parte del nivel dos. Éste ya tiene la libertad de deambular solitario por los inimaginables espacios infinitos o transfinitos y la pulsión combinatoria puede tentarlo a establecer nupcias con otra deambulante entidad y será así construida la molécula, o nivel tres en el proceso constructivo de la materia.

Éstas, más casquivanas, podrán ser tan ligeras como la del agua que llega a pesar no más de un picogramo, la billonésima parte del gramo, o una de ADN integrada por sus bases nitrogenadas (adenina, timina, citosina y guanina), las que en sus infinitos bucles construirán todas las formas que la vida evolutivamente pueda alcanzar. Y ya en este nivel la tentación asociativa y recombinante nos lleva a unidades más complejas llamadas células, las que habiendo alcanzado el título de “Maestro Mayor de Obras” ostentan el nivel cuatro de la materia.

Según la capacidad de negociación que posean pueden, al fin, llegar a constituirse en organismo, desde un tamaño invisible como una bacteria hasta las toneladas de un ungulado, será éste el nivel quinto. Estos organismos al reunirse en sociedades integradas por grupos familiares gestados por una sola madre, pasarán a integrar el sexto nivel de lo material.

Diversas circunstancias vinculadas con la performance adaptativa pueden hacer que bandas de antropoides se organicen en sociedades con diversos grados de complejidad, lo que representará el nivel séptimo en la escala constructiva. Finalmente el octavo nivel será el representado por la civilización.[12]

El gran salto cualitativo se dio no hace más de unos 100 millones de años cuando, según señalan los expertos, algunos integrantes del nivel cinco logran comenzar a tomar cierto tipo de decisiones, a proveerse de planes alternativos ante el fracaso de los diseñados en uso, lo que representa el momento auroral en la construcción de la materia inteligente.

Sin embargo, esta lenta marcha deberá continuar hasta bien trajinado el nivel siete y ya ante el desplegado horizonte de los amaneceres del octavo hasta, hace poco menos de 100.000 años atrás, una parte muy pequeña de materia orgánica inteligente accede al conocimiento y a la capacidad de crear mundos, desarrollando lenguajes y construyendo las infinitas variaciones del habitar la cultura.

Brian Googwin, catedrático de biología de la Milton Keynes Open University del Reino Unido, sostiene que reconocer que los organismos, fuesen los que fuesen, tienen una intencionalidad que resulta de la acción auto complementadora de procesos causales inmanentes, no les confiere solamente una realidad no reducible a sus partes, sino que lo fundamental radicaría en el hecho de que también se crea un espacio para la construcción de las experiencias subjetivas.

Un animal no es meramente un atado de funciones vitales básicas reguladas por un patrón genético, como sostienen los biólogos reduccionistas o todos aquellos que creen que un canario es, simplemente, una piedra con plumas que vuela y canta.

Goodwin habla de una “ciencia de cualidades” y no de las cantidades, que lo es en tanto necesariamente parte de la primera persona del singular, mediante la cual reconoce valores como las experiencias compartidas, como los estados de adquisición de conocimiento participativo, estados que nos unen con el resto de los organismos mediante vínculos de simpatía, reconocimiento, respeto mutuo y altruismo.[13]

Este investigador centra sus investigaciones evolutivas en los procesos morfogenéticos responsables de la construcción de los cimientos de la estructura interna de los organismos, mediante lo que él denomina "atractores en el espacio morfológico", ellos serán quienes especificarán el desarrollo de tejidos y pliegues de capas celulares responsables de la creación de un ojo o una pierna o un órgano de secreción interna, los que representarían el producto de transformaciones espaciales de alta probabilidad, en las construcciones de la materia vital con niveles altos de complejidad.

Poco antes de entrar a la gran sinagoga de Praga, un tendero de la variopinta oferta que por allí se ofrece, puso en mis manos un fragmento de ámbar, resina fósil de 70.000.000 millones de años, que retenía, una bella mariposa que por aquel entonces en anhelante aletear quedó atrapada. Cargada de eternidad se me brindaba cual gota de infinito puesta a la mano en un conmovido andar hacia el macabro campo de Terezín.

Esa noche soñé que unos quinientos años antes de la era cristiana yo era Chuang-Tzu que soñaba que era una mariposa y no sabía al despertar si era un hombre que había soñado ser una mariposa o una mariposa que dormida en su jaula ambarina, ahora en mis manos, soñaba en las orillas del Moldava con ser Borges.

Poco tiempo después un amigo, conocedor de mis alquímicas obsesiones, me trajo del mismo lugar, aunque no alcanzamos a definir si era del mismo tendero, una gota de ámbar que contenía en su interior una mosquita. “Para que le haga compañía a la mariposa de Chuang-Tzu”, me dijo.

Pasé largas horas observándola con la lupa hasta que no me quedaron dudas que se trataba de una antigua pariente de la drosophila melanogaster, por todos conocida con su familiar nombre de “mosca del vinagre”. La que mirada con una lupa binocular es un ser graciosamente estilizado, de color miel y delicadas alas bellamente filigranadas.

En los laboratorios de biología molecular y evolutiva esta mosquita goza de un alto prestigio y reconocimiento; es que se ha descubierto que compartimos con ella el sesenta por ciento de los genes, lo cual no nos habilita a perseguirnos con la posibilidad de transformarnos en Gregorio Samsa, pues dichos laboratorios no cuentan en su plantel con investigadores de la talla de Kafka; como puede verse no podemos escaparnos del barrio de detrás del reloj de la capital checa.

Los estudios sobre la ambarina drosophila, personaje presente en las revistas científicas de mayor prestigio, demuestran que todos los seres, sean mariposas, mosquitas, biólogos, Borges o nosotros, procederíamos de un único ser que vivía en el cámbrico[14], período al que le tocó en suerte construir los genes llamados HOX, responsables de la maquinaria genética que permite, en los procesos de desarrollo y evolutivos, regir la denominada información posicional.

Es decir, de qué manera, celularmente se construirán los planos anteriores, posteriores, dorsales y ventrales, en los que se incluyen los anales.

Sucede que en la vital construcción de un virus o una bacteria se emplea una célula; todo lo que sucede allí dentro también sucede en una célula de las maripositas o mosquitas, de Asterión, o de Beppo el gato de Borges.

Sin embargo todos ellos y nosotros estamos construidos mediante agrupaciones de millones de células; la cuestión constructiva básica es que un paramecio, una lombriz, yo o los mosquitos portamos algo que fundamentalmente nos diferencia, es decir los planos del diseño que pautan la manera que tendrán las células de organizarse tridimensionalmente en el espacio.

De tal forma construirán en el lugar exacto un ojo, un ala o una cabeza; la responsabilidad del éxito constructivo por el cual yo no tengo un ala en la cabeza y una mosca no tiene dedos en sus patas recae en los genes HOX.

Debemos destacar que todos los seres vivos compartimos el mismo esquema constructivo, sustentado por la dotación genética. El brazo de cualquiera de nosotros se construye de la misma manera que la pata de un coipo o de un oso panda, el gen caudal de la drosophila es el mismo que en los humanos y cumple con la misma función en el diseño de tal escatológica extremidad.[15]

Las investigaciones recientes sobre los genes HOX permiten comprender la estrecha relación entre la genética y los grandes cambios, de forma que permiten el surgimiento de nuevas especies.

Algunos organismos invertebrados como la mosca poseen un solo grupo de tales genes, sin embargo una serie de duplicaciones del grupo completo conocido como HOX ancestral terminó dando lugar a la aparición de los vertebrados; otros genes, de este grupo conocido también como el de los genes maestros, se fueron perdiendo selectivamente en el proceso evolutivo.

Constructivamente el puente colgante sobre la laguna Setúbal o el Golden Gate de San Francisco tienen muchos puntos en común con Rocinante, la vaca Aurora, con Hipólito, el gato de mi vecina, y con manchita, la perrita de Daniel, especialista en huesos con chimichurri.

Sucede que los vertebrados y tales prodigios de las humanas artes mantienen un juego indisociable entre la morfología y la función dependientes de los materiales empleados para su construcción. Mientras que para los arquitectos el diseño debe ajustarse a la función, en las construcciones de nuestra madre natura es la forma la que posibilita la función.

En la vida de un organismo y a lo largo de toda la historia de una especie será la función de una estructura permanentemente puesta a prueba lo que la convierte en el blanco principal de la selección natural. En el marco de la biología del desarrollo la función se encuentra muy restringida por las reglas del cambio de forma, por ello en la evolución sólo se juega con lo que permite la forma.

En este contexto un arquitecto nos dirá que tiene razón la Reina Roja de Alicia a través de los espejos cuando recomienda que “aquí es preciso correr todo lo que puedas para lograr quedarte en el mismo sitio”; pareciera que en la evolución juegan el mismo juego en el cual las especies cambian para no perder la posibilidad de continuar existiendo al ritmo de los cambios que el ambiente va procesando.

Las modificaciones en los organismos se pueden visualizar en la forma, la función y el comportamiento: el colibrí que aleteaba en el árbol de mi casa de vacaciones en Playa Serena, mientras ésto iba escribiendo, es la versión embellecida y empequeñecida, afortunadamente para mí , de un pterodáctilo que logró adaptarse a las presiones y contingencias de su entorno. Trabajo nada desdeñable que realizó a lo largo de millones de años frente a lo efímero de mis intentos por narrarlo.

Los cambios en los sistemas constructivos de la vida a lo largo de su ir haciéndose, ésta que hoy estamos a punto de colapsar por una dementizada razón instrumental, están relacionados con las transformaciones que ha ido procesando, de diversas maneras, el genoma a lo largo de generaciones, gracias a las múltiples mutaciones que se han sucedido en la larga cadena de ADN de las células germinales.

Han existido otras técnicas constructivas como la llamada transmisión horizontal, la cual permite adquirir secuencias nuevas de ADN mediante el traspaso de fragmentos de éste de un organismo a otro a través del sencillo trámite de subirse a un virus y realizar el viaje en él. Verdaderas peregrinaciones experimentando la interioridad.

Otra, bastante común en los diseños evolutivos está basada en la duplicación de genes preexistentes; esta modalidad es capaz de resolver varios problemas dado que un gen codifica una proteína útil, la cual al duplicarse puede decidir mutar y dedicarse a explorar nuevas secuencias lo que le permitirá lograr una nueva función; de tal forma los llamados genes homeóticos podrán producir factores de trascripción, los que serán claves en la especificación del diseño del cuerpo de los animales; entran aquí los genes HOX, nuevamente.

Para nuestra aparición han sido claves otras modalidades que pueden generar especies nuevas, las que operan justo en el momento en que una estructura comienza un nuevo desarrollo o deja de hacerlo; se llaman heterocronías, con ellas se relaciona la construcción de nuestra caja craneana, resultado de un desarrollo mucho más lento que el de nuestros antepasados primates; es por ello que nuestro cráneo adulto se aproxima en tamaño al de un chimpancé bebé.

Con esto estamos diciendo que, evolutivamente, todos los animales hemos recibido en herencia las mismas claves que posibilitan un diseño genético común, de donde los investigadores pueden hoy reparar una falla en los genes de la mosquita con un gen humano; el camino inverso está todavía vedado, aunque teóricamente el gen de la drosophila sería capaz de lograr un reemplazo equivalente en los humanos, tal proceso se encuentra en avanzado estado de experimentación en relación con el mal de Parkinson.

Sucede que los vertebrados tenemos el genoma repetido cuatro veces, moscas y mariposas entre otros delicados insectos no; esto hace que nuestra genética tenga niveles de mayor complejidad, aunque las investigaciones con la mosquita del vinagre son de un alto nivel de sofisticación por el que permiten la realización de experimentos imposibles con otras especies.

De tal manera se ha llegado a determinar que un número alto de genes alterados en la enfermedad de Alzheimer y en diversos tipos de tumores se encuentran en las drosophilas.

Es este orden de cosas lo que lleva al físico David Bohm a plantear que la cuestión es si la materia es más bien burda y mecánica o es cada vez más sutil y se torna indiscernible de lo que denominamos mente, entramos de tal manera de lleno en la construcción humana del mundo.

Las obras del hombre convertidas en mundo, que actúan sobre él y a través de él están engendrando una nueva clase de “naturaleza”, esto es, una necesidad dinámica propia, con la que la libertad humana se confronta.

El cerebro, el cuerpo y el mundo fluctúan de modo permanente en apasionados intercambios, el principio neurobiológico de orientación reforzaría sus capacidades, al integrar una meta pauta de conexión entre los seres consigo mismos, con su corporalidad.

El universo anclado en nuestro cerebro mantiene en común con su lejanísimo progenitor cósmico al infinito, éste no hace referencia al espacio primordial sino a la ilimitada capacidad de construir pensamientos infinitos en la pequeña superficie de nuestros cráneos.

Blaise Pascal escribió, en relación con lo anterior:
"Cuando considero la pequeña duración de mi vida, absorbida en la eternidad que le precede y que le sigue, el pequeño espacio que lleno y aún el que veo, abismado en la infinita inmensidad de los espacios que ignoro y que me ignoran, me espanto y me asombro de verme aquí y no ahí, pues no hay razón para que yo esté aquí y no ahí, ahora y no entonces. ¿Quién me ha puesto? ¿Por orden y conducta de quién este lugar y este tiempo ha sido destinado para mí?"[16]

Al margen del manuscrito en que escribió esta meditación anotó una cita tomada del Libro de la Sabiduría donde leemos: “La esperanza del impío es como una pelusa que lleva el viento, como la espuma que azota la tempestad, como el humo que dispersa el viento y como el recuerdo del huésped de un día que pasa”. Me siento tentado de agregar a continuación un fragmento de otro de sus pensamientos, asociado al ser frágil huésped del cosmos; escribe: “...por el espacio, el universo me comprende y me absorbe como un punto; por el pensamiento, yo lo comprendo”.[17]

En los bordes extremos de los límites transfinitos desde donde llegan los fermentos se encontraría la clave de las infinitas construcciones; Leonardo Da Vinci no sólo lo intuyó sino que lo supo con radical profundidad. Comprendió qué era posible construir con determinados materiales y qué no.

Rotó entonces de la arquitectura a la mecánica, de ésta a la anatomofisiología y de éstas a aquellos residuos inexpresables, por peligrosos para su época o por inasibles por las reglas gramaticales; tal comprensión lo abrumaba y lo llevaba a dejar inconclusas muchas de sus creaciones.

Sin embargo, su mayor descubrimiento, asediado por lo Indecible[18], tuvo que ver con la luz velada y develada por las sombras, lo que le permitió realizar su inefable y alquímica experiencia plástica.

Ejercicio de la transparencia que lo acercaba a la construcción de una Teología de la Belleza. Aquella que expresa la platónica noción de kalokagathia, modo lexical griego de expresar lo bello o lo bueno, de donde se desprendía que si algo era bello y bueno, o viceversa, era de suyo justo.

Claude Bernard, padre del método experimental en ciencias medicas escribió en su obra. “Introduction a l’étude de la médecine expérimentale” (1865): “… me contento con conocer las correlaciones”. Nosotros también.

Recordemos, que a la altura actual de los conocimientos astrofísicos una nueva línea de investigación plantea que nuestro Universo proviene del colapso de otro anterior, el que luego de sufrir una implosión catastrófica alcanzó un punto de máxima densidad y que a partir de allí comenzó a expandirse el que nos dio origen y cuya presencia la encontramos en las lágrimas, en la sangre, en la totalidad de la vida.

Escribió Goethe en lo alto de los Alpes: “En este instante, las fuerzas íntimas de la tierra actúan sobre mí, al mismo tiempo que las influencias del firmamento”.

Para continuar con nuevas estaciones de nuestro viaje a la interioridad es preciso que sigamos con nuestro ser polvo de estrellas que entrelazarán lo genético con el soporte estelar de los minerales. Ellos, los mismos en nuestro planeta, en nuestro cuerpo, en todos los integrantes del gran elenco estelar de nuestra galaxia.

La intimidad de nuestro sufrido planeta está constituida, básicamente por componentes que conocemos con el nombre de minerales.

Veamos asociaciones familiares poco reconocidas, aunque nos acompañan permanentemente durante “…los segundos, los minutos, las horas, los días, los años” según lo expresará el inefable Góngora. Los datos y registros de parientes y allegados son los siguientes:
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Un mineral es una sustancia inorgánica y natural que posee una composición química definida y una estructura atómica característica.

Una roca es un agregado de minerales en estado sólido. Presentan una amplia gama de composiciones, características físicas y edades.

Una roca determinada está compuesta generalmente por dos o más minerales, normalmente hay otros presentes, sin embargo algunas variedades están compuestas por uno solo.

La mayoría de las rocas son extremadamente antiguas, su origen se remonta a muchos millones de años hacia atrás; sin embargo, en este mismo momento se están formando por la acción volcánica al solidificarse la lava en contacto con la atmósfera.

Las rocas terrestres y las de la corteza de la mayoría de los integrantes de nuestra galaxia se dividen en tres tipos:
- Rocas ígneas
- Rocas sedimentarias
- Rocas metamórficas

A pesar de la amplia variabilidad que se desprende de lo anterior, la composición media de la corteza terrestre está porcentualmente compuesta de ocho elementos, los más abundantes son el:
- Oxígeno 47% y el
- Silicio 28%

Entre ambos, conforman el 75% del total, completado por los siguientes:
- Aluminio
- Hierro
- Calcio
- Sodio
- Potasio
- Magnesio

Geológicamente, los minerales silíceos pueden considerarse los materiales básicos a partir de los cuales se han formado los demás grupos de rocas y mineralizaron, en gran medida, los restos orgánicos llamados fósiles.

Aproximadamente el 99% de las rocas ígneas están formadas por ocho minerales silíceos y el resto lo está por minerales secundarios, aunque su variabilidad es muy grande. Tales rocas surgen de los magmas silíceos formados a muchos kilómetros de profundidad, a elevadas temperaturas -del orden de los 500 a 1.200º C- y presiones 6.000 a 12.000 veces mayores que la presión atmosférica en el nivel del mar. Al enfriarse el magma cerca o en la superficie se produce, bajo ciertas temperaturas y presiones críticas, la cristalización a través de una compleja serie de interacciones. Los ocho elementos mencionados se reúnen en compuestos como cristales individuales de varios minerales silíceos. Las características de las rocas ígneas que están formadas por la cristalización, varían enormemente dependiendo de la composición inicial del magma y del proceso de enfriamiento.

Existen minerales que muestran la misma composición química que otros y, a pesar de ello, son minerales distintos. La causa radica en las diferencias de la llamada red cristalina. Este fenómeno se denomina polimorfismo. Para el aspecto externo y las propiedades físicas de un mineral resulta decisiva su estructura interna, es decir la disposición de sus partículas constitutivas: átomos, iones, moléculas; si esas partículas se ordenan de manera regular se habla de una red en el espacio o de una red cristalina. Los que presentan una red cristalina reciben el nombre de cristalinos, los que carecen de ella, es decir de una ordenación regular de sus partículas, se denominan amorfos. En algunos de ellos ciertos elementos pueden ser sustituidos por otros parecidos, sin que se altere la estructura cristalina ni la estructura química básica, pues el intercambio puede producirse en grados diversos.

Si bien, como hemos visto, los componentes básicos son mínimos, las especies minerales clasificadas llegan a 3.000. Año tras año se descubren nuevas clases y existen varios miles de variedades.


Elementos volátiles

Los magmas desprenden además de rocas silíceas solidificadas elementos volátiles, por encontrarse en estado líquido o gaseoso a temperaturas mucho más bajas que los compuestos silíceos. Estos elementos son de enorme importancia en el origen de la atmósfera y de la hidrosfera. Al separarse del magma cuando éste se enfría y solidifica, ellos pasan a la atmósfera desde los volcanes y desde las corrientes gaseosas a las localizaciones geotermales.

La emanación de tales elementos es la fuente del agua de la hidrosfera, como así también de los gases atmosféricos como el dióxido de carbono, nitrógeno, argón e hidrógeno. Los compuestos de cloro y azufre presentes en las aguas de los océanos son el resultado de dichas emanaciones.

Los magmas silíceos, junto con los elementos volátiles presentes en ellos, nos han proporcionado desde hace seis mil millones de años -edad de nuestra pobre y mal tratada casa originaria-, casi todos los componentes esenciales de la atmósfera, la hidrosfera y la litosfera. Es decir las condiciones necesarias para respirar, saciar la sed, pescar, remontar barriletes, nadar, navegar y entre todas la actividades posibles tomar mate en equipo.

Los gases volátiles que los magmas volcánicos nos regalan trayéndolos desde las insondables profundidades de nuestra tierra, son los siguientes, cuyos porcentajes detallamos por peso:
- Agua 60%
- Carbono como gas 24%
- Azufre 13%
- Nitrógeno 5,7%
-Argón 0,3%
- Cloro 0,1%
- Hidrógeno 0,004%
- Flúor indicios


Rocas del espacio

Los meteoritos -del latín meteōrus, y este del griego μετέωρος, “fenómeno celeste”-, también llamados aerolitos, son fragmentos sólidos que caen sobre la Tierra. Muchos se convierten en estrellas fugaces al entrar en la atmósfera. Suelen ser pétreos, ferríferos o una combinación de ambos.

Como podemos ver para la arquitectura de la vida en la tierra el Universo aportó los componentes fundamentales. Así, en nuestro interior su presencia constitutiva la encontramos en los minerales, en sus transformaciones y en sus metáforas.

Escribió Goethe en lo alto de los Alpes:
"En este instante, las fuerzas íntimas de la tierra actúan sobre mí, al mismo tiempo que las influencias del firmamento."

Los minerales, memorias potentes de las infinitas y catastróficas transformaciones que se encuentran en nuestro organismo, se dividen en tres grupos:
- macroelementos (que se miden en gramos, y son: sodio, potasio, calcio, fósforo, magnesio, cloro y azufre).
- microelementos (que se miden en miligramos, y son: hierro, flúor, yodo, manganeso, cobalto, cobre y cinc).
- oligoelementos (que se miden en microgramos, y son: silicio, níquel, cromo, litio, molibdeno y selenio).

Macroelementos

Sodio
- Se encuentra en el organismo en forma iónica, en su mayor parte en el líquido extracelular. También hay una pequeña parte en el interior de la célula y el resto unido a los componentes inorgánicos de los huesos.
- Junto con el potasio y el cloro, el sodio es uno de los electrolitos más abundantes en el organismo.
- Regula el balance hídrico del organismo e interviene en la transmisión del impulso nervioso a los músculos (bomba de sodio).

Potasio
- Se halla en el organismo en forma iónica y, junto con el sodio y el cloro, son los electrolitos más abundantes en el organismo.
- El 97% actúa intracelularmente y el 3% restante en forma extracelular. Es un regulador del balance hídrico del organismo y participa en la contracción del músculo cardíaco.
- Esta relacionado con el equilibrio ácido base. Aproximadamente el 90% del potasio ingerido es absorbido en el intestino delgado y se elimina a través de la orina.

Calcio
- Es el mineral más abundante del cuerpo humano, representando del 1,5% al 2% del peso corporal, y el cuarto componente del cuerpo después del agua, de las proteínas y de las grasas.
- Se encuentra en los huesos, en los dientes, en la sangre, en los líquidos intersticiales y en las células. El calcio de los huesos y de los dientes desempeña una función plástica y de sostén, y el calcio plasmático una función reguladora.
- Participa en la coagulación y en la permeabilidad de las membranas, como regulador nervioso y neuromuscular,
- Favorece la absorción y la secreción intestinal y la liberación de hormonas.
- Está vinculado al fósforo, ya que la falta o exceso de uno de ellos puede afectar a la absorción del otro.
Fósforo:
- Es el elemento químico que interviene en la mineralización de los huesos y de los dientes.
- Participa en la transmisión de los impulsos nerviosos, en la contracción muscular y en el metabolismo de los azucares, las grasas y las proteínas.
- Interviene en la formación de los huesos y de los dientes, así como del tejido muscular.
- La mayor parte del fósforo del cuerpo se encuentra unida al calcio.
- Esta presente en los organismos de los seres vivos en forma de sales minerales llamadas fosfatos.

Magnesio
- Es el quinto mineral por su abundancia en el organismo y resulta imprescindible para la correcta asimilación del Calcio y de la vitamina C.
- Es necesario para activar numerosas enzimas y las vitaminas del grupo B. Interviene en la síntesis de las proteínas, en la excitabilidad de los músculos y en la liberación de energía.
- Equilibra el sistema nervioso central (acción sedante).
- Aumenta la secreción de la bilis e interviene en la secreción y en la acción de la insulina.

Cloro
- Se encuentra en forma iónica y, junto con el sodio y el potasio, son los electrolitos más abundantes en el organismo.
- Favorece el equilibrio ácido-base y ayuda al hígado en su labor de desintoxicación.
- Interviene en la regulación del balance hídrico del organismo.

Azufre
- Forma parte de compuestos orgánicos como la insulina, la heparina y algunas vitaminas, como la biotina (H) y la tiamina (B1)
- Se lo encuentra en la composición de todos los tejidos, especialmente de la piel, uñas, cabellos y cartílagos.
- Tiene una función neutralizadora de los tóxicos y ayuda al hígado en la secreción de bilis.


Microelementos

Hierro
- Es necesario para la producción de hemoglobina y de glóbulos rojos, forma parte de algunas enzimas que intervienen en el metabolismo celular.

Flúor
- Forma parte de la estructura de los huesos y de los dientes. En los dientes, aumenta la resistencia del esmalte a los ácidos que producen las bacterias de la placa bacteriana, protegiéndoles de la caries.

Yodo
- Es imprescindible para la producción de hormonas tiroideas, interviene en el crecimiento mental y físico, en el funcionamiento de los tejidos nerviosos y musculares y en el metabolismo de otros nutrientes.

Manganeso
- Se encuentra en el organismo participando en la asimilación de las vitaminas C, B1 y H.
- Esta relacionado con la formación de los huesos, con el desarrollo de los tejidos y con la coagulación de la sangre.
- Activa los enzimas que intervienen en la síntesis de las grasas.

Cobalto
- Contribuye a la formación de los glóbulos rojos ya que constituye el núcleo metálico de la vitamina B12 necesaria en la eritropoyesis.

Cobre
- Presente en el plasma, unido a la globulina ceruloplasmina es necesario para convertir el hierro almacenado en el organismo en hemoglobina y para asimilar correctamente el hierro de los alimentos.
- Participa en la asimilación de la vitamina C y forma parte de las oxigenasas, enzimas encargadas de transformar el oxígeno molecular en agua y peróxido de hidrógeno.
- Es fundamental para el desarrollo de huesos, tendones, tejido conectivo y sistema vascular.

Zinc
- Forma parte de los huesos y de numerosas enzimas, la anhidarasa carbónica, la carboxipeptidasa y las deshidrogenasas.
- Interviene en procesos metabólicos como la producción de linfocitos, la síntesis de proteínas y la formación de insulina.


Oligoelementos


Silicio
- Se encuentra -en una proporción de unos 7 gramos de silicio orgánico- presente en los tejidos y sobre todo en el timo, en las paredes vasculares, en las glándulas suprarrenales, en el hígado, en el bazo y en el páncreas. Además, hay unos 5 miligramos/litro de silicio circulante en la sangre.
- Es indispensable para la asimilación del calcio y para la formación y nutrición de los tejidos.

Níquel
- Es necesario para el funcionamiento del páncreas.

Cromo
- Se lo encuentra en cantidades muy pequeñas. Participa en el transporte de proteínas e interviene en el metabolismo del azúcar.

Litio
- Ión metálico fundamental para la regulación del Sistema Nervioso Central. Dos de los efectos más importantes de su presencia son la inhibición de la liberación de noradrenalina y serotonina, y el aumento de la reabsorción de noradrenalina por las terminales presinápticas.
- Los iones de litio son absorbidos por completo en el tracto gastrointestinal y no son metabolizados. Se eliminan, casi en su totalidad, por vía renal.

Molibdeno
- Componente esencial de una coenzima denominada pterina, necesaria para la actividad de otras enzimas muy importantes para el organismo: sulfito oxidasa, aldehido oxidasa y xantina oxidasa. Ayuda a prevenir la anemia y la caries.

Selenio
- Presente en el organismo en pequeñísimas cantidades, tiene propiedades desintoxicantes y es un potente antioxidante (evita la oxidación de los ácidos grasos poliinsaturados en las membranas celulares), por lo que ayuda a prevenir el envejecimiento de los tejidos.
- Se le asocia a la prevención de ciertos tipos de cáncer.
- Protege de enfermedades cardiovasculares y estimula el sistema inmunológico.

Agua
- Es el componente principal de los seres vivos. Un cuerpo humano adulto esta compuesto aproximadamente por un 60% de agua, pudiendo llegar al 80% en el caso de un niño.
- El organismo mantiene el agua en su interior, con un equilibrio perfecto, gracias a los minerales y a las hormonas.
- Un 60% del agua se encuentra en el interior de las células (intracelular) y el resto (extracelular) es la que circula por los vasos sanguíneos (plasma), y la que baña los tejidos.
- En ella tienen lugar las reacciones que nos permiten estar vivos, ya que los enzimas que intervienen en la transformación de las sustancias que utilizamos para obtener energía necesitan un medio acuoso para poder actuar.
- Es el medio por el que se comunican las células de nuestros órganos y por el que se transporta el oxígeno y los nutrientes a los tejidos.
- Es la encargada de retirar los residuos y productos de deshecho del metabolismo celular.
- Gracias al agua podemos regular nuestra temperatura cuando la temperatura exterior es muy elevada, mediante el sudor o a través de las mucosas. El sudor enfría la piel cuando se evapora y ayuda a mantener la temperatura corporal.
- Mantiene blandas las distintas membranas del cuerpo e impide la fricción entre superficies tisulares. Sin un lubricante en el cuerpo, los órganos se pegarían entre sí y se desgarrarían, los huesos se rasparían mutuamente y se astillarían en vez de deslizarse suavemente en las articulaciones, y los músculos perderían su flexibilidad y no funcionarían como deben.

Hoy creamos, gozamos, sufrimos y amamos sobre la superficie terrestre, mientras todos nuestros órganos internos flotan en un océano de fluidos formado principalmente por agua. Agradezcamos que en “el agua tranquila de las noches de amor”[19] fuimos engendrados.

El cosmos
se aloja en nuestro cuerpo
Lloro, cae una estrella.

Esa estrella, al caer en este punto que nos sostiene, entre los 100.000 millones de galaxias y sus miles de millones de hermanas, dio lugar a inusitadas fertilidades caóticas. En manantiales de fango hirviente, en solfataras volcánicas, en pantanos pútridos, en inmensas extensiones saladas. Medios, en definitiva, de esa extrema complejidad en los que comenzaron a brotar los capullos de la vida, de los cuales el más sorprendente de todos será nuestro cerebro.

Este inmenso viaje ha dejado sutiles y microscópicos rasgos, claras huellas e infinidad de senderos recorridos desde entonces por la vida.

Veamos el largo camino realizado, tal como lo señalan las cartografías científicas actuales.
Hace,
- 14.000.000 millones de años: aparición de nuestro Universo
- 4.600 millones de años: formación de la Tierra.
- 4.200 millones de años: aparición de los minerales.
- 3.800 millones de años: formación de las rocas.
- 3.500 millones de años: expansión de las algas verdiazules.
- 2.700 millones de años: desarrollo de las cuencas de minerales de uranio.
- 2.200 millones de años: aparición de las cuencas de minerales de hierro.
- 2.000 millones de años: surgimiento de las células con núcleo.
- 1.000 millones de años: comienzo de la era de las grandes algas.
- 800 millones de años: formación de los grandes sistemas glaciarios.
- 600 millones de años: aparición de los primeros registros de animales fosilizados.

Estas etapas del viaje se clasifican de la siguiente manera:

Era Paleozoica

Cámbrico
-570 millones de años atrás: Aparición de los vertebrados con caparazón rígido.

Ordovícico
-500 millones de años atrás: Expansión de los vertebrados en general.

Silúrico
-435 millones de años atrás, según el siguiente esquema:
Hace 420 millones de años: aparición de plantas terrestres semejantes a los helechos.
Hace 410 millones de años: hacen su aparición los animales terrestres.

Devónico
-370 millones de años atrás: Difusión de bosques y selvas.

Carbonífero
-345 millones de años atrás, según el siguiente esquema:
Hace 340 millones de años: aparecen las plantas con semillas.
Hace 300 millones de años: aparecen los reptiles.

Pérmico
-280 millones de años atrás: irrupción de los mamíferos.

Era Mesozoica

Triásico
-Hace 225 millones de años hacen su aparición los dinosaurios.

Jurásico
-190 millones de años atrás: registro de antepasados de las aves.

Cretácico
-136 millones de años atrás, según el siguiente esquema hace:
-135-65 millones de años: separación de África y América del Sur.
-120 millones de años: formación del océano Atlántico meridional.
- 80 millones de años: separación de América del Norte y de África y Europa.

Era Cenozoica

- 65 millones de años atrás: gran extinción de los dinosaurios.
- 55 millones de años atrás: desarrollo de los mamíferos.
- 30-20 millones de años atrás: formación de los Alpes y el Himalaya.
- 3 millones de años atrás: aparición del género Homo.

Era Neozoica.

Hace:
- 700 mil años, se inician las eras glaciales.
- 100.000 años, los Homo Sapiens se dispersaron por África y Asia oriental.
- 60.000 años, colonizaron Australia
- 40.000 años, entraron en Europa por primera vez.
- 30.000 años, entran al continente americano.
- 20.000 años, las últimas glaciaciones.
- 12.000 años, llegan a Tierra del Fuego.
- 5.000 años, primeros registros escritos.
- Hoy aquí reflexionando: “pequeño sobre la pequeña tierra, /el hombre contempla el universo del que es a la vez juez y víctima”. W. H. Auden

Estamos en la travesía.

Hemos reconocido los territorios fundantes de toda interioridad. De la fenomenología de los orígenes a los genes y de ellos a la asociación con sales, cristales y otros minerales, iremos al encuentro de los capullos de la espiritualidad, es decir, de aquello que seamos capaces de esculpir con nuestras sombras e inquietudes y podemos hacer florecer en nosotros mismos.

Les proponemos reflexionar sobre las asociaciones generadas por lo traído hasta aquí y leer el siguiente fragmento del gran Claude Bernard, padre de la medicina experimental:

"Los cuerpos vivos son compuestos inestables que se desorganizan sin cesar por las influencias cósmicas que les rodean; viven en esta condición, y la muerte se produce por el gasto y la destrucción de la sustancia organizada. Para que la vida siga es necesario que la materia viva que forma los elementos histológicos se renueve constantemente a medida que se descompone, de manera que puede considerarse la causa de la vida como residiendo en la potencia de organización que crea la máquina viviente y repara sus perdidas incesantes.(…) No debe buscarse un antagonismo entre los fenómenos químicos y las manifestaciones vitales; por el contrario, hay un paralelismo perfecto, una ligazón armónica y necesaria".[20]

Diremos, pues, con Descartes: "pensamos metafísicamente, pero vivimos y actuamos físicamente". [21]

Al decir de Bernard:

No se produce en el ser vivo un solo fenómeno cuyas leyes no se rijan fuera de él. De suerte que podríamos decir que todas las manifestaciones de la vida se componen de fuerzas prestadas, en cuanto a su naturaleza, por el mundo cósmico exterior, pero manifestadas tan sólo bajo formas fenoménicas o en disposiciones particulares de la materia organizada.[22] 

Continua el investigador tras la pauta que conecta :


Los cristales rotos o cortados se reparan y cicatrizan mediante una sobreactividad del trabajo de cristalización en el punto en que se produce la reparación. Hay en esto alguna analogía con lo que ocurre con los seres vivientes. La gran diferencia está en que el cristal cicatriza por las fuerzas exteriores y en el medio cósmico ambiente, mientras que el ser vivo, animal o vegetal, cicatriza a expensas de su medio interno, es decir, utilizando materiales que ha preparado el propio organismo.[23]

Para el pensamiento de Claude Bernard nunca se manifiesta la vida sin producirse en el propio ser un doble movimiento de creación y de destrucción orgánica equivalente de manera que no encontramos seres vivos actuando separadamente como creadores de materia orgánica mientras que otros ejercen el papel contrario: de destruirla para restituirla al mundo mineral.[24]

El paleontólogo Loren Eiseley ha escrito sobre el inmenso viaje páginas de gran belleza y profundidad:

Algunas tierras son llanas y miran al sol con una sonrisa tan apacible que parecen eternamente jóvenes, intocadas por el hombre o el tiempo.. Algunas son desgarradas, devastadas y convulsas como los rasgos faciales de una viciosa ancianidad. En ellas las rocas están arrancadas y expuestas a la vista, oscuras fosas reciben el sol, pero no devuelven luz alguna. Hacia una de esas tierras cabalgué, pero atravesando una pradera soleada, intemporal, por donde no pasaba nada más que un antílope o un pájaro errante. En el límite donde esa pradera se detenía ante una vasta y lisa pared de arenisca y arcilla, encontré la grieta. Una estrecha hendidura abierta por algún torrente en su descenso había nacido secretamente-lejos, en el pastizal de la pradera- y había penetrado laboriosamente, cada vez más hondo, en la fina arenisca que, tortuosos caminos, la llevaba hacia el quebrado páramo que se extendía a la distancia. Cabalgué a lo largo de esa grieta hasta llegar a un sitio donde se podía bajar en su interior; desmonté y dejé mi caballo pastando.
La grieta tenía sólo el ancho de un cuerpo humano, y mientras yo descendía trabajosamente, la luz se volvía oscura y verde por la maleza suspendida arriba. Sobre mí, el cielo se convirtió en una angosta ranura de distante azul, y a ambos lados mis manos sentían el frío de la arenisca. (…)Al internarme más y más en ese crepúsculo verde descubrí, incrustado en la sólida arenisca, un cráneo que parecía mirarme. (…) No era, por supuesto, un cráneo humano. Yo había descendido muy, muy por debajo del tiempo de los hombres, a una edad remota, allá por el comienzo del reinado de los mamíferos. Me acuclillé en la angosta cañada y nos miramos, el cráneo y yo, con cierta perplejidad. (…) Probablemente, pensé mientras iniciaba la paciente tarea de picar la piedra alrededor del cráneo, nunca volvería a excavar un fósil en condiciones que me dieran una impresión tan vívida de ser, yo también un fósil. La verdad es que todos somos fósiles en potencia y aún llevamos en el interior de nuestro cuerpo los rudimentos de anteriores existencias, las marcas de un mundo en que las criaturas vivientes fluyen de edad en edad con apenas más consistencia que las nubes.[25]

Sir Arthur Eddington (1882-1944) , padre de la física contemporáneo y maestro de Einstein ha escrito:

Somos creadores de músicas y fabricantes de sueños, que vagamos por desnudos arrecifes y nos sentamos juntos a corrientes desoladas; perdedores, y a la vez salvadores, en este mundo en el que brilla la pálida luna.Y, no obstante, según parece, somos quienes movemos y conmovemos a este mundo para siempre."

Para finalizar les pedimos reflexionar sobre el siguiente fragmento de la introducción a “Las Tablas de Esmeralda” de Hermes Trimegisto:


Todo lo que está arriba es igual a todo lo que está abajo. Todo lo que está abajo es igual a todo lo que está arriba. Todo no hace marcar más que la maravillosa unidad del todo.

A continuación les pedimos someter las conclusiones obtenidas con el fragmento anterior a la siguiente advertencia de Epicteto: “Lo que alarma y perturba al hombre no son las cosas, sino las fantasías y representaciones que éstos tejen en torno a ellas”. ¿Que correlaciones se podrían establecer?



Arturo Emilio Sala





NOTAS
[1] Hesse, H. Peregrinación . En: Obra Completa T.III . Madrid, Aguilar,1967,p.16
[2] Schrodinger, E. What is life? Cambridge: Cambridge University Press, 1992, p. 23
[3] Zambrano, M. De la Aurora, Alción, Córdoba, 1999, pp. 116-119
[4] Recordemos que un año luz equivale a diez billones de kilómetros.
[5] LeShan, L; Margenau, H. El espacio de Einstein y el cielo de Van Gogh: Un paso más allá de la realidad física. Barcelona: Gedisa, 2002.
[6] Fox Keller, E. Lenguaje y vida. Metáforas de la biología en el siglo XX. Buenos Aires: Manantial, 2000.
[7] Weinberg, S. Los tres primeros minutos del Universo. Madrid: Alianza, 1996.
[8] ibid. p. 81
[9] Davies, P. Los últimos tres minutos. Conjeturas acerca del destino final del Universo. Madrid: Debate, 2001
[10] Fernández, M. Cuadernos de todo y nada. Buenos Aires: Corregidor, 1989, p. 55
[11] Goodwin, B. Las manchas del leopardo. La evolución de la complejidad. Barcelona: Tusquets-Metatemas, 1999, p. 212
[12] Wagensberg, J. Ideas para una imaginación impura. 53 reflexiones en su propia sustancia. Barcelona: Tusquets- Metatemas, pp. 135-137.
[13] Goodwin, B. ibid. p. 285
[14] En este período se produce una explosión vital, estalla la vida por doquier; según los paleontólogos duró 70.000.000 de años, hace de ello 570 millones hacia atrás; en su transcurso se produjo la diversificación de las formas animales las que integraron un abanico de siete u ocho grandes líneas evolutivas, las que han conservado hasta ahora las características de sus formas ancestrales. Durante el cámbrico hacen su aparición los animales vertebrados con caparazón rígido.
[15] Moreno, E.; Morata, G. Caudal is the HOX gene that specifies the most posterior Drosophile segment. Nature. 1999 Aug 26; 400 (6747): 873 – 7.
[16] Pascal, B. Pensamientos. Buenos Aires: Fondo Nacional de las Artes-Sudamericana, 1971
[17] ibid. p. 160 (205), p. 216 (348)
[18] López-Baralt; L. Asedios de lo Indecible. Madrid: Trotta, 1998
[19] Goethe: The holy longing.
[20]Bernard, C. Rapport sur les progrés et la marche de la physiologie générale en France. París, Impr. Imperiale, 1867,pp. 187-188
[21] Ibid. La science expérimentale. París Baillière,1878,p. 212
[22] Ibid. Rapport…,pp. 319-320. Debe tenerse presente que no se pueden asimilar los procedimientos fisicoquímicos de los organismos vivos con los propios de la naturaleza mineral, aunque los componentes sean los mismos. Se trata de diferentes contextos de organización.
[23] Ibid. Leçons sur les phénomènes de la vie communs aux animaux et aux végeétaux. París, Baillière,1878-79,p. 345
[24]Ibid. pp.140-150
[25] Eiseley, L. El inmenso viaje. Buenos Aires, Sudamericana,1965;pp.13-15